¿Cómo profundizar en la calidad de nuestro liderazgo?

Yo propongo que (Jesús) es nuestro líder y nuestro modelo para todo liderazgo que quiera hacerse en su Nombre… fue el líder más inteligente y más eficaz … y sin embargo no pareció intentar serlo, ni impartió a otros una enseñanza formal sobre el liderazgo (p. 27).

El índice de la presente obra es ya un indicio de que su contenido se va a centrar en el estilo de liderazgo que el mismo Señor Jesús ejerció. Esto es ya en sí mismo un potente estímulo para emprender la lectura de este útil y enriquecedor libro de Bill Hull. De hecho, cada capítulo está inspirado en una frase del pasaje de Filipenses 2:1-13. “El discipulado se ha desmoronado porque no hemos usado a Jesús como modelo de liderazgo y no hemos hecho lo que él hizo o enseñó. La imitación era parte esencial de la
cosmovisión de Jesús” (p. 117). Por ello, tener un concepto adecuado de Cristo será el primer paso para profundizar en la calidad de nuestro propio liderazgo, venciendo la tentación de seguir el modelo de los liderazgos seculares. Y este libro nos ayuda en ese esfuerzo.

Ya en las primeras páginas, el autor nos deja claro un primer tema esencial: el liderazgo tiene que ver con el carácter, no con otros aspectos o factores como métodos o estrategias. Además, el liderazgo no se limita a aspectos espirituales o eclesiales por muy importantes que estos puedan ser. Todas las áreas de nuestra vida, en todas sus proyecciones están implicadas en él.

Un segundo elemento importante del contenido es la importancia de la humildad como rasgo fundamental en el liderazgo: “el convencimiento de que dependemos absolutamente de Dios… la decisión de vivir para otros… no pensando ni siquiera en uno mismo”. Para ello… “elige la humildad, no permitas que la multitud te defina, déjate enseñar y no esperes ganar nada de esto”. En relación a este tema, merece mucho la pena una lectura meditada del capítulo 5.

En general, en cuanto al contenido, en este libro hay mucho de la experiencia vivida por Bill Hull; hay mucha sinceridad, muchos retos que asumir, muchos peligros a evitar, muchos caminos y alternativas que se presentan a aquellos que amamos a Dios y su Reino y queremos liderar a su Pueblo.

Este libro en algunos momentos está muy enfocado en aquellos cuyo liderazgo tiene que ver con la predicación. Para ellos, una joya: “No aspires a hablar; aspira a tener algo que decir”.

El tercer aspecto importante a destacar y que hace muy amena la lectura es el elemento ilustrativo. Nos acerca a su propia vida (cap. 2) y a la vida de otras personas (cap. 3) para mostrarnos qué caminos transitar y qué decisiones tomar si queremos acercarnos a la meta de imitar a Cristo en su estilo de liderazgo, dejar huella en otros y “hacer mella en el Universo”. Un buen líder es el que está dispuesto a realizar estas tres transiciones: de la búsqueda de reconocimiento al aprendizaje de cómo actuar con amor, del egocentrismo al altruismo, sustituir las cifras por el resultado final y de liderar desde fuera a liderar desde dentro. Se basa en Henry Nouwen para animarnos a ir de la relevancia a la oración, de lo espectacular a lo ordinario y de dirigir a ser dirigidos (tomado de En el nombre de Jesús, librito que
recomiendo vivamente).

Todo lo que el autor nos aporta de la vida de otras personas ilustra muy bien las ideas que se desarrollan y allana el camino para una buena comprensión de conceptos a veces profundos.

Un cuarto aspecto interesante es la presencia constante de desafíos. Cada capítulo es un llamamiento para que aquellos que son llamados a liderar reflexionen, revisen, corrijan algún aspecto fundamental que afecta directamente nuestro modo de asumir el liderazgo. Así, en definitiva, podremos rehabilitar un estilo de liderazgo adecuado en la Iglesia. Y podremos disfrutar de la recompensa del trabajo que no es otra que “apreciar el progreso y transformación en otras personas mientras guían ellos a otros”. Al fin y al cabo, nuestra meta “es el progreso, no la perfección”.

Terminamos esta reseña destacando un aspecto muy concreto: el interesante planteamiento que propone el autor para que, como líderes, podamos aportar un acercamiento a la “eterna” cuestión del “por qué” del sufrimiento. La conversión y la comunidad pueden aportar un consuelo especial cuando atravesamos épocas de confusión, dificultad y dolor.

Daniel Benítez, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana

El líder cristiano: Venciendo nuestra adicción al liderazgo secular, Bill Hull

Este libro no habla de cómo mejorar las organizaciones cristianas; se centra en cambiar la forma en la que los cristianos lideran. Va dirigido a todos los que tengan un megáfono, un estrado desde el que hablar, que quieran guiar a otros en el camino de ser testigos de la verdad. Es para las personas ante un púlpito, tanto si este adopta la forma de una empresa como la de una posición influyente en un entorno cultural: el ocio, el deporte, la política, la industria, el arte, el mundo académico o la religión. Si eres alguien a quien otros escuchan, tienes un púlpito, y este libro es para ti.

Jesús era un tipo de maestro distinto. Los fariseos se concentraban en hacer lo correcto; Jesús enfatizó la conversión en el tipo de personas que quiere hacer lo correcto. Otros enseñaron la importancia de hacer el bien; Jesús enseñó a ser bueno. No enseñó solamente la modificación de la conducta; enseñó cómo cambiar las fuentes de esta. Para saber cómo guiar a otros debes comenzar viendo a Jesús como tu líder.

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