Si en el pasado, quizás no demasiado lejano, nos hubieran hecho la pregunta a los españoles sobre si el cristiano ha de meterse o no en política, la respuesta más repetida seguramente hubiera sido que no, que nuestro reino no es de este mundo, que nuestra ciudadanía está en los cielos y que aunque estemos en el mundo no somos del mundo.
Seguramente la respuesta en el día de hoy sería otra, pero a la hora de la verdad hemos de confesar que nuestra participación no va en la práctica más allá del derecho al voto —que ejercemos o no—, de la opinión que merecen nuestros políticos —no necesariamente diferenciada de las opiniones comunes—, o de intentar averiguar cuáles de los que aspiran a ser nuestros representantes se acercan en sus programas más o menos, según nuestros criterios, a nuestras convicciones cristianas.
Lógicamente, eso queda muy lejos de examinar la política como una labor humana irrenunciable desde una cosmovisión bíblica y proceder en consecuencia. Es ahí donde, de forma más o menos explícita según el tema abordado por cada escritor, nos llevan los autores, todos ellos amantes de la Palabra de Dios a la que intentan sujetar su pensamiento. De ahí que la última aportación nos lleve a un gran desafío: “Cómo construir pensamiento político desde la Biblia”.
Por supuesto, los cuatro autores reman en esa misma dirección, comenzando por las grandes doctrinas de la Biblia: Creación, Caída, Redención, Restauración, pasando por los profetas, la historia, la escatología o la naturaleza del Reino que vino, viene y vendrá. No faltan excelentes capítulos dedicados a la aportación del protestantismo a las democracias modernas, la abolición de la esclavitud o la creación de instituciones internacionales como la ONU o la Cruz Roja, entre otras muchas.
Comentan los autores que gran parte de su esfuerzo, muy complejo por cierto, se ha vertido en la formación de los estudiantes, pero de manera muy humilde reconocen que en ello ha habido un intercambio generacional, que se han enriquecido con las aportaciones de los mismos estudiantes, que les han servido para razonar críticamente sobre sus propias suposiciones.
Así que no tenemos cuatro buenos escritores instalados en sus torres de marfil, sino muy implicados en el mundo en el que vivimos.
Alberto Arjona, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.

