¿El hecho de que yo esté enseñando significa automáticamente que mis oyentes estén aprendiendo?

A los que nos dedicamos a la enseñanza, ya sea en el ámbito eclesial y/o secular, siempre nos ha preocupado la pregunta: ¿el hecho de que yo esté enseñando significa automáticamente que mis oyentes estén aprendiendo? La respuesta muchas veces ha debido ser, tristemente, negativa.

Solamente la preocupación que este hecho nos provoca es motivo suficiente para tomar este libro de Edith Vilamajó con entusiasmo y leerlo con atención.

La autora se adentra en este tema tan vital y tan desafiante para los docentes: cómo hacer del proceso de enseñanza-aprendizaje algo eficaz y que cumpla el objetivo: que nuestros estudiantes no solo aprendan cosas y llenen sus mentes de información, sino que sean realmente transformados en todas las áreas de sus vidas. Este libro nos puede ayudar a acercarnos al concepto bíblico de “sabiduría”, que no era tener la cabeza llena de datos, sino poder vivir una vida práctica que sea realmente exitosa en relación con el Señor, buscando las mejores metas y objetivos, y estableciendo los mejores medios para conseguirlos.

Formar para transformar nos ofrece buenas y útiles herramientas para ello. Nos aleja de la idea de sentirnos satisfechos con llenar huecos vacíos con momentos de enseñanza o simplemente con tener a gente (¡¡supuestamente!!) oyéndonos. Nos desafía a ser más “ambiciosos” como maestros y nos da recursos para “afilar” nuestras herramientas.

Comentemos algunas de esas herramientas y desafíos.

La primera en orden, pero también en importancia, es la necesidad que hay, tanto en el maestro como en el estudiante, de una verdadera transformación espiritual. Esta no puede ser relegada a un segundo plano. La autora insiste una y otra vez en que debemos poner el énfasis no solo en conocer “sobre” Dios sino en conocer “a” Dios, usando la relación enseñanza-aprendizaje para profundizar más en la relación con él y el amor hacia él. La autora huye del “conocimiento sin sabiduría, de la información sin transformación”.

Para ella no debería haber dicotomía entre teoría y práctica de vida. El objetivo de Edith es hacer de la formación bíblica una experiencia vivencial, que afecte y transforme toda nuestra vida y no solo el intelecto. Según Romanos 12:1, 2 y Colosenses 1:28, el verdadero propósito de nuestra vida es la transformación espiritual a imagen de Dios y por ello debe ser también el propósito de toda formación.

El papel del Espíritu Santo es vital en este proceso, de ahí que la autora nos enfrenta a una inquietante cuestión: “…debemos preguntarnos si la razón por la que nuestra enseñanza no produce fruto es porque carece de poder, del poder del E. S…operando en nosotros y en la vida de aquellos a quienes ministramos”.

La autora aboga por redimir el abismo existente entre la teoría y la práctica en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para ello se necesita avanzar en la necesidad de tener modelos pedagógicos prácticos, que no se limiten a la mera transmisión de conocimientos.

En esta primera sección, pues, Edith desarrolla un acercamiento bíblico-teológico al proceso de enseñanza, dando especial énfasis al protagonismo del E. S. y al papel de la Palabra en la transformación integral de la persona, como resultado de un “posicionamiento” ante las Escrituras y ante el Maestro por excelencia.

En segundo lugar se nos abre toda una interesantísima sección más “técnica, pedagógica y profesional”, pero para nada árida o farragosa, que nos sigue ofreciendo herramientas y desafíos muy útiles.

Como maestros de la Biblia no podemos dejar de lado la importancia de establecer una “pedagogía por objetivos”, ya que son ellos los que nos van a ayudar a incidir en un tema vital que expresa la autora con estas palabras: “El crecimiento del alumno no está determinado por lo que escucha sino lo que hace con lo que escucha”. De ahí la importancia de tener claras las metas
a las que queremos llegar como maestros y estudiantes.

Junto con los objetivos, es clave conocer bien el punto del que parten nuestros estudiantes y cuáles son sus necesidades, sus cualidades personales, los patrones de aprendizaje adquiridos con anterioridad, sus estilos de aprendizaje y las situaciones personales que atraviesan.

Debemos reflexionar, igualmente en la persona y el papel del maestro. Su formación continua, la necesidad de cuidar los planes de estudio, los contenidos, los procesos pedagógicos al plantear la enseñanza, el estar dispuestos a someterse a una evaluación continua… todo esto nos ayudará a huir de la tentación de ejercer ministerios que sean “…una plataforma de
alimentar nuestros egos” y que sean una “oportunidad para servir“ y no una “excusa para manipular a otros a fin de conseguir nuestros propósitos”.

Es clave el desarrollo interno del docente cristiano, que debe convertirse en un verdadero discípulo transformado y renovado por el Espíritu y con un perfil ajustado a la Palabra, pero también a las cualidades pedagógicas necesarias para una función correcta de su ministerio.

La comunidad es otra de las herramientas que el Señor nos da para perfeccionar nuestra labor formativa. El Señor ha querido que la comunidad espiritual ejerza una gran influencia en nuestro aprendizaje. “Conocer y aprender son acciones comunitarias”, afirma Vilamajó. Por ello es esencial promover una auténtica actitud de “hospitalidad”, crear un espacio donde “… el extraño puede entrar y convertirse en un amigo en lugar de un enemigo”.

La autora nos ayuda a profundizar en todas estas áreas con un lenguaje muy claro, alejándose de todo tecnicismo que complicaría la lectura.

Además, nos proporciona una herramienta muy “novedosa” que nos “obliga” a interactuar con el texto con el fin de aplicar a nuestra realidad cada uno de los temas. Este recurso consiste en unos cuadros que van jalonando el texto, y en los que la autora va estableciendo preguntas y cuestiones con el fin de que el lector aplique a su experiencia todo lo que se va desarrollando.

Creo que la lectura de este libro será muy enriquecedora para todos aquellos cristianos que dediquen todo o parte de su tiempo a la enseñanza en el ámbito de la iglesia que sea. Pero sabiendo que …
“Todos sabemos que lo que transformará la educación no es una nueva teoría, un nuevo libro o una nueva fórmula, sino una forma transformada de estar en el mundo”.

Reseña escrita por Daniel Benítez, publicada originalmente en la revista Edificación Cristiana.


Formar para transformar
Propuesta para renovar el ministerio de enseñanza en la Iglesia
Edith Vilamajó Sanchis

Los maestros anhelamos que todo cristiano crezca para ser en todo como Cristo. Y confiamos que la formación en la Iglesia sirva para ese fin. Sin embargo, la formación que ofrecemos a menudo se reduce a una enseñanza meramente informativa, individualista, irrelevante para la realidad diaria del creyente e impartida solamente en ocasiones y actividades puntuales. En general, parece difícil conseguir que nuestros ministerios de enseñanza produzcan vidas profundamente transformadas.

El propósito de este libro es presentar algunos elementos pedagógicos importantes que la Iglesia no suele tener en cuenta y que nos permitirán colaborar con el Espíritu Santo en el proceso de transformación del creyente. En cada capítulo se incluyen ejercicios prácticos que nos ayudarán a analizar y renovar nuestro ministerio de enseñanza. Asimismo, este libro pretende animar a los maestros a que nosotros mismos desarrollemos una relación con Dios transformadora, que sin duda tendrá un impacto en las personas a las que servimos.

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