Tú y yo somos barro

El sacrificio sostenible está formado por la sabiduría y se basa en conocerse a uno mismo. La base de todo lo que tengo que decir es esto: tú y yo somos barro. Tenemos que saber eso y no olvidarlo nunca. Tú y yo somos criaturas encarnadas; somos polvo.

Dios nos hizo del polvo:
… Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra… Génesis 2:7

Y un día nos devolverá al polvo:
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, cuando dices: “¡Volveos al polvo, mortales!”. Salmos 90:3

Dios es Dios y nosotros somos polvo.

Es decir, nuestros espíritus están vivos por la justificación de Cristo y porque el Espíritu de Cristo habita en nosotros, y por ello en la resurrección nuestros cuerpos mortales recibirán la vida (Romanos 8:9-11). Pero en este tiempo nuestros cuerpos están “muertos”; es decir, son mortales, están en descomposición, vienen del polvo y regresan al polvo.

No debemos permitirnos caer en una falsa espiritualidad que trata nuestra existencia corporal como si fuera posible separarla de nuestra supuesta “vida espiritual”, como si nuestra vida espiritual pudiera avanzar independientemente de lo que les ocurra a nuestros cuerpos.

Un ser humano vivo puede caminar, correr, construir, pensar, hablar, actuar, amar. Pero el polvo son partículas desconectadas en la tierra, sin vida, sin acción, sin voluntad, sin poder; es materia inerte e inorgánica. Tú y yo venimos del polvo, y nuestros cuerpos volverán al polvo. En ningún momento de nuestras vidas mortales estamos lejos de volver al polvo. Somos muy frágiles.

El problema de estar fuertes y sanos es que tú y yo empezamos a creer que somos algo más que partículas de polvo sobre las que Dios ha respirado aliento de vida temporalmente. Puesto que soy capaz de caminar, pensar, hablar y actuar, empiezo a creer que soy inmortal: que siempre podré caminar, pensar, hablar y actuar. Pero no será así.

Una de las cosas que nunca olvidaré de mi año de crisis nerviosa es el recordatorio forzado de mi fragilidad y mi mortalidad, tanto del cuerpo como de la mente. Tu salud y tu vigor, como los míos, son algo temporal. No durarán mucho. Dios puede llevárselos en cualquier momento, en pequeñas o grandes medidas, súbita o gradualmente.

Algunos de nosotros somos muy conscientes de esto en nuestros cuerpos cuando alcanzamos la mediana edad y algunas partes de nosotros dejan de funcionar bien (o en absoluto). Sabemos que nunca volverán a hacerlo como cuando teníamos veinte años o menos. Pero eso también ocurre con nuestras mentes.

De mi descenso al colapso recuerdo la terrible sensación de que mi mente estaba sufriendo un trastorno, de que me tambaleaba peligrosamente sobre un precipicio, de que debajo de mí había mazmorras de desesperación y lagunas del desaliento de las que tal vez nunca escaparía. Eso es aterrador. Algunos de los que leen esto conocen más de ese mismo horror.

Pero por ahora quiero decir que es saludable aceptar la verdad de que soy polvo. Estoy hecho de polvo. En esta vida mortal nunca seré más que un puñado de partículas de tierra en las que Dios ha soplado el aliento de vida temporalmente. Soy frágil y delicado, y haría bien en no olvidarlo nunca.

Tú y yo somos diferentes. Tenemos distintos tipos de resistencia, tanto física como mental. Tenemos capacidades diversas para soportar más o menos horas de trabajo. A algunos se nos da bien viajar, a otros no tanto. En muchos sentidos tenemos distintas capacidades. Pero sea cual sea la constitución que Dios nos ha dado, ninguno somos más que polvo.

Cuando Dios “nos fichó” para su equipo (si puedo usar esta analogía de forma reverente), sabía que no estaba fichando a otro dios. Eso es lo que esperan hacer los directores de la NFL, las ligas inglesas de fútbol. Invierten vastas cantidades de dinero en el mercado de fichajes porque tienen la esperanza de que el defensa, el delantero o el pitcher que están fichando demuestre ser un dios del deporte (o al menos un semidiós). Con nosotros no es así. Cuando tú y yo nos rendimos a Jesús como Señor, no le
ofrecimos los servicios de una criatura divina o semidivina para fortalecer su reino: le ofrecimos la vida frágil, temporal, mortal y delicada que él nos dio primero a nosotros. Eso es todo lo que tenemos para ofrecer. Dios lo sabe.

En mi opinión, existen cuatro claves para el sacrificio sostenible. Y, en primer lugar, vamos a considerar las cuatro implicaciones de esta verdad fundamental: nuestra mortalidad y nuestra dependencia de Dios. Cuatro formas en las que Dios nos mantiene con vida, cuatro necesidades que nosotros tenemos y Dios no.

Nosotros necesitamos dormir, pero Dios no.
Nosotros necesitamos días de reposo, pero Dios no.
Nosotros necesitamos amigos, pero Dios no.
Nosotros necesitamos alimento, pero Dios no.

Pasión sin agotamiento. Siete claves para un ministerio de sacrificio sostenible durante toda la vida, Christopher Ash

La sabiduría de Christopher Ash se condensa en este libro breve y accesible, en el cual revela una verdad bíblica muy descuidada y siete claves que surgen de ella. Bien entendidas, e incorporadas a nuestras vidas como cristianos apasionados por servir al Señor, estas claves nos ayudarán a protegernos del agotamiento y a seguir trabajando por el reino y la gloria de Dios.

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