¿Cómo podemos formular las preguntas correctas?

¿Cómo manejamos la Palabra de Dios de tal manera que hable a la totalidad del corazón? ¿Cómo podernos desarrollar una aplicación orientada al corazón? Debemos tener cuidado de no buscar el impacto al corazón con medios pragmáticos en lugar de depender del poder de la Palabra y del Espíritu de Dios.

Para desenterrar el impacto de la Biblia en el corazón deberíamos formular, una vez más, preguntas sobre el texto. En la exégesis, las interrogantes serán sobre el contexto, la intención, el significado, la gramática, la sintaxis, la interpretación, etc. Al considerar los propósitos de la Palabra, hacemos preguntas sobre la función del texto: ¿enseña/reprende, entrena/corrige, pone a prueba/convence, exhorta/alienta? Ahora, al desarrollar la aplicación al corazón, podemos inquirir a partir del texto sobre la mente, la voluntad, la conciencia y las pasiones humanas.

Cuando formulamos preguntas al texto respecto a la “mente”, nos preguntamos cuáles son las verdades centrales del mismo que las personas deben conocer y creer. Entonces, inquirimos: ¿Cómo hago para aclarar estas verdades? ¿Cómo puedo demostrar su importancia? ¿A qué formas erróneas de pensar debería oponerme respecto a esta verdad? ¿Cómo ayudarán estas verdades a las personas? ¿Qué podría hacer que las personas dejaran de creer esto? ¿Lo aceptarán y, de no ser así, cómo puedo ayudarles a hacerlo? Estas preguntas son similares a los propósitos de enseñar/reprender de la Palabra de Dios, pero existe una diferencia de énfasis. La preocupación no solo está en identificar las verdades a enseñar, sino implantarlas en la mente de las personas. Nuestra inquietud no consiste meramente en declarar la verdad, sino en convencer y persuadir, enseñar y hacer que esas ideas sean memorables.

A continuación, podemos formular preguntas de “conciencia” al texto, que nos ayudarán a desarrollar los propósitos de convencer, de poner a prueba y de advertir de la Palabra de Dios. ¿Qué hay en el texto que debería convencer y retar? ¿De qué fracasos, pecados u omisiones deberían ser convencidas las personas? ¿De qué formas deberían ponerse a prueba y autoexaminarse las personas? ¿Qué justificaría tener una conciencia limpia con respecto al texto? ¿Cómo podrían las personas tener una conciencia hipersensible sobre este asunto? ¿Cómo les doy paz a estas personas? ¿Cómo las personas podrían tener una conciencia cauterizada respecto a estas cuestiones? ¿Cómo puedo producir convicción?

Después podemos hacer preguntas de “voluntad” al texto. Queremos identificar cualquier acción y respuesta clave que el texto requiera. Podemos preguntarnos: ¿Qué respuesta quiero ver en las personas? ¿Qué diferencia práctica debería marcar esto? ¿Cómo sería en la práctica? ¿Qué voy a pedirles a las personas que hagan en respuesta a este texto? ¿Y qué motivaciones e incentivos puedo proporcionales? ¿Qué ayuda puedo prestarles? De nuevo existe un solapamiento en los propósitos del texto. La voluntad tiene una estrecha correlación con la tarea de entrenar y corregir. Sin embargo, al formular preguntas en cuanto a la “voluntad” agudizamos nuestro entrenamiento y nuestra corrección.

Es posible, por supuesto, que hagamos preguntas de “voluntad” a un texto y no lleguemos a ninguna parte. El pasaje puede no tener imperativos o tan siquiera exhortaciones implícitas, pero seguimos queriendo que las personas respondan a la Palabra de Dios. Debemos apartarnos de la aplicación casual (¡de alguna manera, con toda seguridad necesitan orar, leer la Biblia, dar o servir más!). En su lugar, sondearemos cómo sería la respuesta del corazón al texto.

Finalmente, formularemos preguntas sobre las pasiones del texto¿Cuáles son las pasiones del escritor bíblico? ¿Cuáles son los profundos deseos del corazón que esta verdad debería agitar? ¿Qué tendría que hacerles sentir este texto a las personas y cómo puedo ayudarlas a sentir eso? ¿Qué impacto debería tener esta verdad en ellas? ¿De qué formas habrían de ser avivadas las personas, conmovidas, inspiradas o humilladas por esta verdad? ¿Qué impulsos y ambiciones debería esto cultivar o inhibir?

No cabe esperar que cada texto dé respuesta a todas estas preguntas. De hecho, si un texto lo hiciera, nos sentiríamos abrumados con mucho más grano aplicativo del que el molino de nuestra predicación pudiera gestionar. Muchos textos apuntarán, de forma predominante, a solo una o dos facultades del corazón. Como queremos permitir que la Palabra de Dios haga su propia obra en la vida de las personas, trabajaremos de buen grado con el grano del texto y no impondremos lo que no figura en él. Pero el valor de formular esas preguntas es que, muy probablemente, desenterraremos lo que hay y predicaremos de forma más coherente al corazón.

Fragmento de Objetivo: El corazón. Murray Capill.

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