Si Dios existe, ¿le importa mi sufrimiento?

Aunque nos pueda chocar, el simple hecho de preguntar si a Dios le importa muestra parte del fracaso de muchas de las religiones del mundo. La capacidad de que algo nos “importe” va de la mano de “ser persona”. No obstante, la mayoría de las religiones no hablan de un Dios personal. Para los ateos, la pregunta saca a la luz que no podemos vivir de forma coherente la creencia de que lo único que existe es la materia; para los musulmanes, que no podemos aceptar la voluntad de Alá; para los budistas, que no podemos extinguir el deseo; para los hindús, que no podemos salirnos de nosotros y trascender el bien y el mal.

Esto entonces suscita otra pregunta: si en la mayoría de las religiones del mundo Dios no es personal, ¿entonces por qué siempre apelamos a un Dios personal? Si la pregunta “¿A Dios le importa nuestro sufrimiento?” es secundaria o está ausente en la mayoría de las religiones del mundo, ¿entonces por qué tantos de nosotros nos la hacemos?

Los cristianos creen que el impulso a preguntarse “¿Por qué a mí?”, o “¿Es así como se supone que deberían ser las cosas?”, o “¿A Dios le importa?” está dentro de nosotros porque existe un Ser dinámico a quien dirigir estas preguntas. El hacernos preguntas y el querer respuestas no es algo que debamos refrenar e ignorar, sino más bien algo que abrazar. Este Ser no es alguien que se desmoronará si despotricamos contra él, ni tampoco nos ignorará ni permanecerá distante. Es un Dios cuyo mayor deseo es que volvamos a él y le hablemos de cualquier cosa que nos esté ocurriendo, y que ha hecho posible que no solo

lo hagamos en lugares religiosos como iglesias, sino en cualquier momento y lugar. La pregunta “¿Por qué…?” aparece 510 veces en la Biblia. Sus páginas están plagadas de personas que fueron extremadamente sinceras con Dios acerca de sus circunstancias, expresando un abanico de emociones humanas desde las profundidades de la desesperación y la depresión hasta la euforia, la ira, y mucho más. Muchas veces son palabras desagradables, pero Dios escucha y responde, y parece que se acerca a los que están dispuestos a ser honestos con él en lugar de protegerse detrás de oraciones enlatadas y políticamente correctas.

Si te preguntas, o alguna vez te has preguntado “¿Por qué a mí?”, no te guardes esa pregunta para ti. Jesús no es ajeno a ese tipo de preguntas y, cuando hacemos las nuestras, encuentran un eco en la propia experiencia de Jesús. Aquí tienes a un Dios al que puedes acudir, uno que no solo ha sufrido, sino que ha llevado el sufrimiento a profundidades insondables, y gracias a que ha derrotado el mal y la muerte es capaz de sacarnos de cualquier profundidad en la que podamos encontrarnos. No hay pozo demasiado hondo, porque el suyo fue aún más hondo, ninguna situación de la que Dios se olvide, porque la suya fue la definitiva.

Fragmento adaptado de ¿Por qué? Dios, el mal y el sufrimiento personalSharon Dirckx

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