La Navidad: aún más maravillosa de lo que imaginas

¿Alguna vez has sentido que no eres del todo consciente de lo que tienes justo delante de tus narices? ¿Eso que es tan importante que se pierde a simple vista? En su libro, Navidad escondida. La asombrosa verdad detrás del nacimiento de Jesús, Tim Keller trata de evitar que olvidemos las verdades esenciales de la Navidad. Tanto para creyentes como para inconversos, la historia de la Navidad puede convertirse en algo tan común que parezca perder todo su sentido y trascendencia, haciéndose algo monótono y rutinario.

Navidad escondida aborda este tema sin tapujos y nos anima a considerar que “la Navidad, al igual que Dios mismo, es aún más maravillosa y más extraordinaria de lo que imaginamos”.

Con su habitual estilo, Keller trabaja con claridad y profundidad sobre varios pasajes de la Navidad. Su objetivo es edificar a los creyentes y plantear argumentos convincentes para los inconversos. Bajo la idea de que “la Navidad es uno de los momentos del año en el que la sociedad en general y la iglesia cristiana conmemoran, en cierto modo, la misma celebración”, Keller nos anima a no pasar por alto que el mensaje de la Navidad no es más que el evangelio en miniatura. Si afianzamos las verdades de la Navidad en nuestros corazones, seremos más conscientes de las oportunidades que tenemos de ofrecerles a otros las Buenas Noticias.

Luz en las tinieblas
Al comienzo del libro, Keller trata la dicotomía entre la luz y la oscuridad que se desprende de la cita de Isaías 9:2 que dice: “[…] los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”. Por ello, Keller describe la encarnación como un rayo de luz divina hacia este mundo. El mundo está caído y envuelto en las tinieblas de la rebeldía, pero la Luz verdadera (Juan 8:12) ha brillado con fulgor para traernos vida. Opuestamente a lo que opinan las tendencias humanistas de que somos capaces de vencer la oscuridad por nuestros propios medios, la Navidad respalda que solo esa Luz, que no proviene de nosotros, tiene el poder para salvarnos.

Imaginemos una luz que penetra en la oscuridad. Resulta algo brusco para los que están sumidos en esas tinieblas, porque esa luz incomoda sus sentidos, ¡tanto que tenemos que desviar nuestra mirada de ese golpe de luminosidad como acto reflejo! La Navidad relata cómo la Luz hizo su aparición. Es la historia del Santo, el Hijo de Dios que se encarnó y se personó en el reino de las tinieblas para reclamar el regreso de su novia perdida: el Dios inalcanzable se acerca amistosamente a sus enemigos. Nuestro instinto nos empuja a reaccionar huyendo de esa amenaza, tal cual lo hacían muchos del Antiguo Testamento cada vez que Dios se les aparecía en una columna de fuego, un torbellino o una nube de gloria.

Pero cuando Dios se humanó, la forma en que se dio a conocer fue distinta, más tierna que amenazadora: un bebé no es peligroso en absoluto. ¿Por qué aquí fue diferente? Keller lo plantea del siguiente modo:

“¿Por qué vendría Dios en esta ocasión en la forma de un bebé en lugar de una columna de fuego o un torbellino? Porque, en esta ocasión, no ha venido para traer juicio, sino para cargarlo, para pagar el precio de nuestros pecados, para derribar el muro que separa al ser humano de Dios y para que podamos disfrutar de una relación con Él. Jesús es Dios con nosotros”.

Esa es la diferencia.

Cuando medito en estas palabras desde mi posición vulnerable y débil de humano, no puedo más que asombrarme de cómo Dios se acercó a nosotros de una manera tan tierna a través de la encarnación. Esto me recuerda la emotiva imagen que relata Walt Wangerin Jr. en “An Advent Narrative” [Un relato de adviento]. Entre sus páginas, se describe una escena en la que Dios se plantea cómo se introducirá en la humanidad (que está representada por una joven frágil y asustadiza) para salvarla y se pregunta: “¿Cómo puedo acercarme a ella para darle cuanto necesita y sanarla con mi amor? Por supuesto, podría hacer caso omiso de las puertas, ventanas y paredes y presentarme ante ella tal cual soy. Tengo esa capacidad. Pero no, ella no tiene la fortaleza para verme así y, por tanto, moriría.

Entonces, ¿qué opción me queda? ¿Cómo puedo acercarme a mi amada? ¿Por dónde podré ir de modo que no se asuste ni muera? ¿A través de qué puerta puede llegar mi amor, cuya intención es alimentarla, apartarla de la soledad, hacerla bella como la luna de la noche y convertirla en el sol que me despierta cada mañana?

¡Ya sé lo que haré! Haré que ella misma actúe como mi puerta de entrada, y a través de su cuerpo físico me presentaré ante ella.

¿Acaso podría temer su propia piel o de cualquier cosa que se esconda entre sus entrañas?

Seré el bebé que se despierta en su vientre”.

¿Cómo irrumpe la luz en las tinieblas? “Porque un niño nos es nacido […]” (Isaías 9:6).

La visita de la Navidad
Keller, con su toque original y basándose en la Navidad, explica el evangelio desde diferentes perspectivas. La Navidad, en realidad, es el cumplimiento de la promesa de Dios de salvar a su pueblo y, por lo tanto, ella misma es el centro del evangelio. Keller dedica una provechosa sección a exponer lo que implica que Jesús sea Emanuel (Dios con nosotros) y, de esta forma, salen a relucir las verdades más esenciales del evangelio. Dice así:

“El propósito de la encarnación es que tengamos una relación con [Jesús]. En Jesús, el Dios inefable e inalcanzable se hace humano, al que otros pueden conocer personalmente y quien ama a los demás. Y, mediante la fe, nosotros podemos conocer personalmente ese amor”.

Mucho más que considerar diversos aspectos de los dones que Dios nos ha regalado en la Navidad, Keller se preocupa de determinar cuál es nuestra respuesta ante ellos. Para ello se basa en la fe de María y los pastores como modelos a imitar. Personalmente, el ejemplo de María que Keller extrae del primer capítulo de Lucas me resultó muy enriquecedor. Cuando se enteró de que, contra todo pronóstico, iba a ser madre del Mesías de Dios aun siendo virgen, no respondió con una fe ciega. “María dudó, se cuestionó las cosas, usó su razón e hizo preguntas, de la misma forma que nosotros debemos hacerlo si queremos creer”. Con esto, Keller pide que tengamos precaución de no caer en la mentira de que la fe es un asunto ajeno a nuestro intelecto: “es una experiencia que involucra a cada parte de la persona”. Por tanto, en el creer participan intelecto, pruebas o testimonios, la experiencia y, sobre todo, la obra de Dios. Normalmente se da a lo largo de un tiempo en el que Dios va trabajando en nosotros y prepara nuestros corazones para que creamos. Una vez nuestros ojos son abiertos, la fe es una experiencia que debería incitarnos a la alabanza y a la admiración a Dios, porque, ¿quién de nosotros puede decir que mereciera ese don tan grande? En esto, María es “un modelo de cómo debería ser una fe cristiana receptiva”.

Keller se ha ganado su puesto como uno de los autores teológicos y culturales más prácticos. Con este libro se deja usar para tratar un tema que es muy conocido y oído, al mismo tiempo que desatendido y desmerecido. Navidad escondida es uno de esos libros que te invitan a mirar de lleno a Jesús. Lo recomiendo como un recurso que nos recuerde y nos haga asimilar el verdadero sentido de la Navidad.

Scott James. Este artículo es una traducción de uno publicado en The Gospel Coalition. Si quieres leerlo en inglés, puedes hacerlo aquí

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