Nuestros fallos

Margarita Burt
“El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Prov. 29:1).
Todos tenemos nuestros fallos. ¿Estás de acuerdo? ¿Tú reconoces que los tienes? ¿Sabes cuáles son? ¿Eres pesada, quejica, centrada en ti misma, inoportuna, crítica, tozuda, cuadrada, histérica, orgullosa, desorganizada? ¿Qué haces que molesta a otros? ¿Cómo puedes descubrir cuáles son tus fallos? Pues, tus amigos te lo dirán, o tu familia, tus padres, tu marido, tus circunstancias, el Espíritu Santo por medio de la Biblia; los verás por los sermones de la iglesia, o tu pastor te hablará de cosas que tú haces que molestan a los demás.
¿Cuál es tu actitud en cuanto a tus fallos? ¿Piensas que, puesto que todos los tenemos, es cuestión de soportar los fallos de los demás y ellos los míos? Piensas: “No soy perfecta, y ellos tampoco, así que, no tengo que cambiar”.
· “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Prov. 1:8).

· “Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán la ciencia. Volveos a mi reprensión; He aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras” (Prov. 1:22, 23).

· “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección” (Prov. 3:11).

· “Retén el consejo, no lo dejes; guárdalo, porque esto es tu vida” (Prov. 4:13).

· “¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión; no oí la voz de los que me instruían, y a los que me enseñaban no incliné mi oído!” (Prov. 5:12, 13).

· “Prenderán al impío sus propias iniquidades… Él morirá por falta de corrección” (Prov. 5:22, 23).

· “El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta… Corrige al sabio, y te amará” (Prov. 9:7, 8).

¿Cuál es la actitud de Dios hacia mis fallos? La tenemos en estos versículos. Él es santo y no tolera el pecado. Afecta mi comunión con Él y con los demás. Su Espíritu me convence de pecado para que vaya creciendo hacia la madurez.
Padre amado, quiero ver mis fallos, no justificarlos. “Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos” (Sal. 69:5). Muéstrame cuáles son. “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos” (Sal. 19:12). Ayúdame a responder correctamente y venir a ti para que me limpies. Dame el poder para cambiar y desarrollar nuevos hábitos. Amén.

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