En estas páginas encontraremos una invitación a reflexionar sobre la crianza de los hijos con un modelo activo y sensible.
Los primeros nueve meses tras el parto son vitales con el contacto mutuo, especialmente entre la mamá y el bebé. Desde ese momento, se propone una educación en la que no haya frialdad, ajena a otras maneras de dejar al hijo a su albedrío para endurecerle, pero que con los años también puede provocar daño emocional. El apego en la dependencia que el hijo necesita no supone sobreprotección, sino la mejor manera de echar raíces en un entorno seguro en el que el niño pueda expresarse, ser escuchado y corregido. Un niño no es alguien inferior, sino aquel que debe crecer sintiendo paz y armonía consigo mismo, y con su entorno. El sentido de pertenencia y respeto con la guía de los padres, es vital en su desarrollo.
El amor bajo el modelo de Jesús que ha impregnado la vida de la autora prevalece, pero no de una forma simplista donde no hay límites en la educación, sino para construir personas sanas que influyan positivamente en la sociedad. No es solo una aportación para los padres, sino para los miembros de cada familia, incluyendo a cada generación, y para cualquiera que esté interesado en evaluar un acercamiento claramente constructivo.
Tal y como Eva expresa,
Estoy contigo cuando te acompaño con mis palabras a disfrutar de tu infancia, a conectar con ella, a mirar a los demás como iguales. Estoy contigo cuando reconozco y te muestro intencionalmente que eres válido, así como eres, siendo niño, porque no se trata de llegar antes, sino de disfrutar del camino de tu niñez, que es maravillosa (p. 64).
David Vergara, reseña publicada originalmente en Edificación Cristiana.


