El gozo de ofrendar

Margarita Burt

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Cor. 9:7).

Ayer fue un día de mucho gozo. Las hermanas de varias iglesias nos juntamos para participar en una comida especial para levantar fondos para Puertas Abiertas, una organización que ayuda a las iglesias perseguidas en todo el mundo. Fue un evento muy hermoso de amor, servicio y solidaridad. ¡Incluso, algunas hermanas que no podían asistir enviaron su ofrenda, porque también querían participar! Lo que sobró del coste de la comida que se cobró a cada uno se añadió a la ofrenda de amor que se recaudó para constituir una cantidad importante que pudimos enviar a nuestros hermanos que sufren. Nos dio mucha alegría poder hacerlo

“Dios ama al dador alegre”. El dador está alegre porque le hace mucha ilusión poder dar a hermanos a quienes ama quizá sin haberles visto, sabiendo que Dios va a multiplicar la ofrenda para que ellos tengan las necesidades cubiertas y puedan sentirse parte de una iglesia mundial que les ama y se preocupa por ellos. Previamente cada uno ha orado pensando en la cantidad que va a dar y ha apartado el dinero esperando el día de la ofrenda. Asiste a la reunión esperando con impaciencia el momento de poder dar el dinero que ha preparado. Cuando llega, pone su dinero en la bolsa con una alegría grande. Al final de la reunión se anuncia la cantidad de la ofrenda y nos alegramos en ser parte de una ofrenda espléndida que Dios va a usar para mucho bien.

Luego te acuerdas de otra ofrenda. También has apartado el dinero, pero es como una obligación, un deber; comprendes la necesidad y te sientes obligado a dar, porque es una buena causaPero la Escritura dice: “No por necesidad…”. Tu dinero va a este ministerio, pero no con la misma fe en que Dios lo va a multiplicar, ni con amor por los que van a recibirlo, y notas que no tienes la misma ilusión y alegría. ¿Qué pasa? En tal caso nos hacemos las preguntas siguientes: ¿Oro por este ministerio? ¿Me acuerdo de sus peticiones de forma regular y oro con fe? ¿Estoy dando por amor a mí mismo para que pueda estar satisfecha que he cumplido mi deber? ¿Necesito informarme más acerca de este ministerio, su alcance, los beneficios que proporciona? El dar es parte de un total que incluye informarse y orar.

Hay muchas causas buenas. ¿En cuáles quiere el Señor que yo participe? ¿Y con qué cantidad? Si el ministerio de dar lo llevo en comunión con el Señor, proporciona mucho gozo e ilusión al sentirme parte de algo mucho más grande que yo. ¡Esta es la Iglesia de Dios, y yo cuento! Dios ama al dador alegre y yo amo serlo, porque el dar me proporciona mucha alegría.

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