La casa del Espíritu Santo

Margarita Burt

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Cor. 6:15, 19, 20).

Tienes orgullo de tu casa, ¿verdad? Viene una visita y le enseñas las habitaciones, todo en orden, los muebles libres de polvo, ven las cortinas, la cama bien hecha, la mesa con su tapete y frutero, los suelos limpios, todo recogido, tus plantas, las decoraciones, todo bien, y explicas las reformas que habéis hecho, y ella está favorablemente impresionada. Tú te sientas bien, y la invitada está contenta de hallarse en tu hogar, cómoda y preparada para disfrutar de una buena estancia contigo.

En cambio, si la casa está desordenada, llena de trastos, sin atractivo alguno, esto hace pensar mal del dueño. Piensas que la casa es un reflejo de su personalidad, que es una persona desordenada, sucia, y que no se preocupa de sus responsabilidades. Te da un poco de pena. Crea una impresión muy desfavorable la persona que vive en medio de tanto desorden.

Pues, lo mismo pasa en el terreno espiritual. El Espíritu Santo tiene tu cuerpo como su casa, y según la impresión que das, Él se siente orgulloso de su casa o avergonzado. Si no te arreglas, si tu ropa está sucia, con manchas y pelos, si no te favorece, si estás vestida para provocar, si vas mal peinada o con un peinado raro, si hueles mal, si tienes las uñas sucias, si llegas tarde a las citas, apurada, si hablas de varias cosas a la vez, interrumpiendo, contradiciendo, si tus modales no son buenos, en fin, si creas mala impresión por tu propia culpa, el Espíritu Santa se sofoca. Se sonroja. Siente vergüenza. Su casa no está en condiciones. Y, siendo el Dueño, se avergüenza.

El Espíritu Santo quiere estar orgulloso de su casa como tú de la tuya. La has de cuidar para Él. Esto quiere decir: alimentarte bien, eliminar el azúcar de tu dieta, comer sano, con poca sal, menos carne y mucha fruta y verdura. Hacer ejercicio físico. Perder los kilitos de más. Dormir siete u ocho horas cada noche. Cuidar tu ropa. Tener baños frecuentes, el pelo bien cuidado, atractivo, echarte colonia, y vestirte para agradar a Dios. Queremos mantener la salud para que el Espíritu Santa tenga cuerpo siempre que lo necesite. Nuestro deseo es que el cuerpo refleje su personalidad. ¿Cómo es Él? Discreto, afable, ordenado, limpio, atractivo, enérgico, lleno de vida y vitalidad. En un cuerpo que refleja su carácter, Él está contento. Se siente en casa. Y esto es lo que nosotras, las que le amamos, queremos, que le guste su casa y que su casa esté en las condiciones que permiten que Él haga su trabajo sin estorbos. Así sea. Amén.

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