«No se ponen a pensar»

Como cristianos, creemos que solo el poder del evangelio de Jesucristo revelado en la Biblia puede despertarnos de nuestras pesadillas y devolvernos a la realidad. Solo el evangelio puede traer sanidad y poner cada cosa en su lugar. Nos da una nueva manera de interpretar el mundo para verlo como Dios lo ve, fundamentados en la nueva vida que Jesús produce en nosotros gracias a su vida, muerte y resurrección. Recuerda que la nueva creación ya ha comenzado en todo aquel que ha recibido el Espíritu de Dios. Ahora tú y yo tenemos un papel que desempeñar en la proclamación del mensaje de Dios al mundo.

La Biblia es fenomenal en el uso de la sátira. En Isaías 40–55, el profeta da una clase magistral al comparar a Dios, el Santo de Israel, con los ídolos inútiles que construyen y adoran las demás naciones. La clave es que no hay comparación. ¿Cómo puede Israel ser tentado a seguir a algún otro dios cuando no hay otro? En el capítulo 44, Isaías ridiculiza al idólatra que, con el mismo trozo de madera, construye a su dios y prepara el fuego con el que cocinará su cena:

No saben nada, no entienden nada;
sus ojos están velados, y no ven;
su mente está cerrada, y no entienden.
Les falta conocimiento y entendimiento;
no se ponen a pensar ni a decir:
“Usé la mitad para combustible;
incluso horneé pan sobre las brasas,
asé carne y la comí.
¿Y haré algo abominable con lo que queda?
¿Me postraré ante un pedazo de madera?”.
Isaías 44:18-19

“No se ponen a pensar”. La mayoría de personas que conozco no piensa en la cultura, ni en la adoración, ni en las cosmovisiones, ni en la idolatría, ni en la ira y la gracia que podemos percibir. Solo están viviendo sus vidas. Están viendo Facebook. O la televisión. No se ponen a pensar. Y parte de nuestra misión es ayudarles a que se detengan y se pongan a pensar; tratar de despertarlos de su pesadilla y traerlos de vuelta a la realidad, de vuelta a la sanidad. Los ídolos que adoramos no pueden cumplir lo que prometen de ninguna manera. No nos dan explicaciones satisfactorias del mundo.

Nuestra tarea es hacer que las personas se pongan a pensar sobre su autoengaño, sobre los compromisos que hacen, las autoridades que siguen, las historias y los guiones que consumen. Y de ahí es fácil conectarlo con el evangelio.

“No se ponen a pensar”. ¿Cuándo fue la última vez que te pusiste a pensar? Ya sea en la película que todo el mundo está comentando, o en el artículo que leíste, o en la canción que se te quedó en la cabeza. Los cristianos no somos inmunes a la seducción de estas historias idolátricas. ¿Recuerdas las palabras de despedida del apóstol Juan a los cristianos en su primera carta? “Queridos hijos, apartaos de los ídolos” (1 Jn. 5:21). Pasamos nuestros días sumergidos en estas historias culturales, por lo que necesitamos aprender a consumirlas de una manera inteligente. Debemos aprender a identificar dónde están restringiendo la verdad y a detectar las verdades que siguen resurgiendo, como aquella pelota en la playa. Eso es interactuar con la cultura. No es tragarnos sus historias, sino usarlas para redirigir nuestra mirada una y otra vez a la historia del evangelio.

Podemos tanto confrontar cómo conectar el evangelio con cualquier historia quebrantada de nuestra cultura o de cualquier otra cultura. ¿Pero cómo?

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Foto de la entrada Marvin Meyer en Unsplash

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