“No somos conscientes del impacto que tiene el consumismo sobre nosotros y los retos que nos plantea como cristianos”

La fe y la sostenibilidad
Una entrevista con Ruth Valerio
Entrevistada por Nell Goddard

“Fue como una segunda conversión: las escamas se desprendieron de mis ojos”.

Estoy sentada en la sede de Tearfund, dando sorbos a una taza de té y charlando con Ruth Valerio sobre el discipulado, la pobreza y la sostenibilidad. Ruth, que es directora de Global Advocay and Influencing de Tearfund y autora de los libros ‘L’ is for Lifestyle y Una vida justa y sencilla, me describe un momento crucial en su vida. Fue aquel instante en que se dio cuenta de que, en realidad, preocuparse por todo aquello que ha creado Dios (no solo a los seres humanos, sino también la Tierra) forma parte esencial de lo que significa ser cristiano y seguidor de Jesús.

Mientras leía teología en la universidad encontró un libro titulado Whose Earth? (“¿De quién es la Tierra?”). Fue una lectura que, por medio de su explicación sencilla de lo que tiene que decirnos la Biblia sobre las cuestiones medioambientales, cambió su vida.

Me cuenta que, a medida que fue investigando sobre el lugar que ocupa la justicia dentro de la fe cristiana, y comenzó a hacer campañas para introducir cambios dentro de los ámbitos empresarial y gubernamental, se dio cuenta de que “todo aquello era realmente importante, pero si no lo ponía por obra en mi propia vida, no podría impulsar a los gobiernos o a las empresas a que cambiaran”.

Ya sea por medio de sus cambios en sus desplazamientos aéreos, su análisis de los alimentos que consume o la adquisición de un vehículo eléctrico, las formas de vida sostenibles son parte de la vida y del discipulado cotidianos de Ruth. “Pero antes que todo eso”, señala ella, “la cuestión radica en reducir nuestro índice de consumo”. Este tema fue uno de los que tocó la semana pasada el seminario de Tearfund y LICC, titulado Sustainibility in a Consumer Age (“La sostenibilidad en una era consumista”).

“No somos conscientes del impacto que tiene el consumismo sobre nosotros, y los retos que nos plantea como cristianos”, dice Ruth, admitiendo que el problema no estriba solamente en el cuidado del medio ambiente, sino también en los desafíos de nuestra época, nuestro estilo de vida y la sensación de “acumulación” de nuestras vidas.

Sugiere que también hay un componente de individualismo. “el consumismo nos enseña a centrarnos en nosotros mismos en lugar de extender las manos y crear comunidad”. Ahí radica otro cambio: “como Iglesia, tenemos el llamado de plantarnos y vivir de otra manera. Nos gusta pensar que somos una contracultura, pero a la hora de relacionarnos con nuestra sociedad de consumo creo que somos como todo el mundo”.

Entonces, ¿cómo se vincula esto con la fe y con el discipulado que involucra todas las facetas de la vida?

Vivir sosteniblemente y consumir menos se sustentan sobre un pensamiento teológico profundamente arraigado, y a Ruth la motiva apasionadamente el fundamento bíblico para el cuidado medioambiental. Su motivación nace de Génesis 1:31, donde Dios contempla todo lo que ha hecho y declara que “era bueno en gran manera”.

“Dios valora y ama profundamente nuestro mundo”, prosigue. “Colosenses 1 nos dice que este mundo lo hizo Jesús, para Jesús y por medio de Él, casi como si este planeta fuera un regalo del Padre para el Hijo”.

En pocas palabras, Ruth plantea una pregunta: “Si Dios valora tan profundamente este mundo, entonces, como hijos de Dios, como personas que aman a Dios, ¿por qué tiene que gustarnos destruir algo que para Él es tan valioso?”.

Armados de este conocimiento, tiene mucho sentido que la vida sostenible y el cuidado medioambiental formen parte de nuestra adoración y de nuestro discipulado. “Forman parte de mi seguimiento de Jesús, de mi adoración, junto con todas las demás cosas en las que pensamos cuando hablamos del discipulado y de la adoración”.

Un ejemplo de los ritmos de discipulado que crea este paradigma en la vida de Ruth es la tarea que supone lavar las hortalizas sucias de barro. Una actividad que ella antes aborrecía se ha convertido en una oportunidad para la meditación espiritual: “Mientras las lavo me tomo tiempo para reflexionar sobre la tierra de la que proceden, sobre las personas que las han cultivado. Dedico tiempo a dar gracias a Dios porque proceden de la tierra, y por la lluvia que las ha regado”.

Por último, cuando se acerca ya la hora de despedirnos, pregunto a Ruth cuáles son sus tres consejos cruciales para vivir sosteniblemente:

  1. Empieza con tu dieta. Nuestra dieta rica en carne es una de las cosas más perjudiciales para el medio ambiente. Cambiemos a una dieta que contenga muchas más hortalizas y granos. Por ejemplo, planteémonos comer carne solo una vez por semana.
  2. Los vuelos. El mero hecho de coger un solo avión tira por tierra todo lo bueno que podamos haber hecho hasta entonces. ¿Por qué no nos planteamos no recurrir a vuelos nacionales, e intentar en todo lo posible tampoco volar dentro de Europa? En términos generales, debemos volar mucho menos de lo que lo hacemos.
  3. Pasémonos a las energías renovables o sostenibles. Solo se tarda cinco minutos, y no cuesta dinero adicional. Ruth recomienda Ecotricity o Green Energy.

Puedes leer la entrevista en inglés aquí.

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