Enséñanos a orar

Margarita Burt

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar… Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos… Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice, Amigo, préstame tres panes… ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le daría una piedra?” (Lu. 11:1-13).

Cuando uno de sus discípulos le pidió al Señor que les enseñara a orar, Jesús contestó dándoles un ejemplo, y luego explicándoles unas cosas acerca del Padre para que tuviesen confianza en Él. Notemos que no les dio unos métodos de oración. No les dijo qué postura tenían que adoptar, por cuánto tiempo tenían que orar, ni qué tono de voz tenían que emplear, o cuantas veces al día tenían que orar. Les llevó a confiar en el corazón del Padre.

Al final les dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (v. 13), y nosotros nos preguntamos, ¿a qué viene esto? Pensaríamos que diría: “Si vosotros sabéis dar buenas dádivas a vuestros, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará buenas cosas a los que se lo pidan?”, pero no lo dice. Habla del Espíritu Santo. Ha estado hablando acerca de los bienes materiales que Dios da a los que pidan y ahora cambia del tema para hablar de bienes espirituales, es decir, del origen de ellos y del mayor de todos los bienes que una persona puede tener.

La primera necesidad del hombre, muy por encima de sus necesidades físicas es  recibir el Espíritu Santo y nacer de nuevo. Empezamos pidiendo lo necesario para nuestra vida cotidiana. Necesitamos pan, pescado, huevos, etc. Tanto nosotros como Dios somos conscientes de esto, pero también tenemos otras necesidades de tipo espiritual, y Jesús nos está diciendo que Dios también provee cosas espirituales para sus hijos, pero no las enumera, porque todas son parte del Espíritu Santo, y con pedir más del Espíritu Santo, ya estamos pidiendo todo.

Aquí el Señor Jesús está introduciendo la aplicación más profunda a la enseñanza que está dando acerca de: “Todo aquel que pide recibe” (v. 10). ¿Necesitas salvación?; pide el Espíritu Santo. Como hijo de Dios, ¿necesitas sabiduría, paciencia, amor, humildad, gozo, paz, bondad, generosidad, o auto-dominio? Pues, todas estas cosas vienen del Espíritu Santo, pues son parte de su Ser. Cuando las pedimos, estamos pidiendo más de Él, es decir, que Él nos dé más de sí mismo.

Empezamos pidiendo pan, y Jesús nos asegura que el Padre nos lo dará. Pero hay algo que satisface mucho más que el pan. Realmente nos llena. Y esto es el Espíritu de Dios y todo lo que compone su santo Ser y forma parte de Él. Viene juntamente con Él. Pidamos, pues, más de Él, y tenemos la promesa que el Padre nos lo dará, “porque todo aquel que pide recibe”.   

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