La autoridad de Jesús

Margarita Burt 

“Le dijeron [los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos]: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?” (Marcos 11:28).

Con la Biblia abierta a Marcos 11 nos damos cuenta de que aquí tenemos una progresión que va de mayor a menor. Primero, Jesús predice juicio sobre la nación de Israel con la maldición de la higuera. Después predice juicio sobre la religión de Israel con su ira en el templo contra los mercaderes de animales para los sacrificios. Y ahora vemos que predice juicio sobre los líderes religiosos de Israel por su rechazo del Mesías. Este último es fascinante y revelador de la asombrosa personalidad de Jesús. Veamos.

A primera vista, parece que Jesús no contesta a su pregunta. Les dice que contestará si ellos le dicen con qué autoridad predicaba Juan el Bautista. Parece que está esquivando la pregunta, pero la está contestando. Ellos se ven pillados, porque si dicen que su autoridad venía de Dios, les preguntará porque no se someten a ella. Si les contestan que venía de los hombres, perderán el favor del pueblo que le tiene por verdadero profeta. Contestan que no saben; quedan en ridículo y pierden su autoridad delante del pueblo.

Jesús es brillante en sus contestaciones. Todo ha quedado claro. Jesús está bajo la misma autoridad que Juan el Bautista, la de Dios, que ellos han rechazado. Jesús no les preguntó quién era, ni siguiera quién era Juan el Bautista, sino si Juan venía de Dios o no, porque Juan dijo claramente quién era Jesús y con qué autoridad obraba. Si le hubiesen hecho caso, sabrían que su autoridad venía de Dios. Jesús les juzga por no someterse a la autoridad de Dios bajo la cual estaban Juan el Bautista y Jesús mismo. Él limpió el templo bajo la autoridad de Dios, porque es el templo de su Padre, y tiene pleno derecho a hacerlo. Juan el Bautista profetizaba declarándole el Mesías. Ellos han rechazado al Mesías de Dios y, por lo tanto, están condenados.

Vemos a Jesús brillante, cuerdo, con autoridad, en control de la situación y con perfecto dominio propio. No les insulta, ni les grita, ni les denuncia; les pone en evidencia con una simple pregunta. No se somete a su autoridad; ¡les pone bajo la suya! A Jesús le quedan pocos días en la tierra. Los está empleando bajo la perfecta dirección del Padre para dar el golpe mortal al judaísmo.

En cuanto a nosotros, primeramente ¡hemos de adorar a este brillante Salvador! Después, tomar nota para no ser como los fariseos: no ser rebeldes a la voz de Dios por intereses personales. Hemos de saber responder al Señor cuando nos hace una pregunta, y también aprender a hacer la clase de preguntas que hacía Jesús en nuestro trato con los demás. Finalmente, hemos de aprender a someternos a la autoridad que viene del Cielo, a nuestros padres, maridos, pastores, y a la del Señor Jesucristo.

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