Si tienes un novio no creyente

Margarita Burt

“¿Qué comunión [tiene] la luz con las tinieblas? (2 Cor. 6:14).

“…con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col. 1:12, 13).

“El que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Cor. 6:17).

La conversión nos introduce en otro ambiente donde las cosas de Dios cobran realidad. Cambiamos nuestra forma de ver la vida. Nuestros propósitos son otros. Lo que nos llena son cosas que el incrédulo no puede entender. Hay una línea de un himno que dice: “El amor de Jesús, solo lo conocen sus amados”. Esto es cierto. Por mucho que intentemos, no podremos explicar lo que es sentirte amado por el Señor a una persona que no lo ha experimentado.

Algunas mujeres salen con hombres no creyentes y piensan que mientras estén esperando el hombre de su vida pueden entretenerse con éste. O puede ser que piensen que este hombre es muy buena persona y que no le falta casi nada para ser creyente, que, de hecho, es mejor persona que muchos que son creyentes. Pero, si este es tu caso, y realmente conoces al Señor, un noviazgo con un no creyente te hace sufrir.

  • Pierdes la paz y te invade una gran angustia. Este es el Espíritu Santo avisándote.
  • Tu conciencia no te deja dormir. Para ti no hay descanso, ni día, ni noche.
  • Dios parece muy lejos, menos real, pierdes la sensación de su presencia.
  • Te sientes dividida en dos. Por un lado amas a esta persona y por otro, al Señor, y las dos cosas no son compatibles.
  • No puedes comunicarle las cosas de Dios que sientes. Estás deseando explicarle cosas espirituales, pero no las entiende.
  • Te entra el gran temor de que vas a perder el plan de Dios para tu vida, que Dios te va a dejar, que te pierdes. Te sientes desubicada y lejos de Dios. No puedes vivir sin Él y te angustia.
  • Piensas que te vas a volver loca. Quieres tu voluntad y la de Dios. Estás en dos mundos a la vez, el mundo caído y el mundo de Dios, y estos están en enemistad entre sí. Son contrarios incompatibles, imposibles de sostener a la vez.

Rompes con esta persona y sientes una invasión de paz y gozo. Cantas y estás alegre. El Espíritu Santo en ti está de fiesta. Tu corazón está roto, lloras continuamente, pero has vuelto a tener aquello sin lo cual no puedes vivir.

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