María y Marta

Margarita Burt

“Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa” (Lu. 10:38).

Hoy toca hacer una pequeña visita a estas dos hermanas, Marta, la hospitalaria y la hacendosa, y María, la que decidió dejar que su hermana sirviese sola para poder sentarse a los pies de Jesús y escucharle a él. En eso, María parece egoísta, y si no fuese por el comentario del Señor Jesús, pensaríamos que la que estuvo en el lugar correcto era Marta. A veces es violento optar por Jesús. Se presta a malentendidos. Siempre hay cosas urgentes para hacer. Quedamos mal si dejamos que otros se encarguen de nuestras responsabilidades para “descansar”, o así lo podrían pensar ellos. ¿No es cierto que “primera la obligación y después la devoción”? Hay que atender a las cosas espirituales cuando hemos cumplido con todo lo demás, ¿no es así? Si lo fuera, el Señor casi no tendría ningún lugar en nuestro ocupado horario. Siempre hemos de sacrificar algo para atender a las cosas espirituales. Y otros pueden molestarse.

Para ti, ¿qué es prioritario? Para la mayoría de los creyentes, es el trabajo. Encajan su vida espiritual alrededor del trabajo. La mayoría no pasan horas escuchando la Palabra, estudiándola y orando. Y en tu caso, ¿qué es más importante, el trabajo o tiempo con Jesús? Otra pregunta: ¿Qué es más importante: pasar tiempo con Jesús a solas, o servirle? ¿Tu iglesia es una María o una Marta? ¿Te enseña a servir o a pasar tiempo con Jesús? ¿Cuánto tiempo pasas en la Palabra y la oración cada día? Cualquier prioridad en la vida que no es Jesús mismo es un ídolo, ¡aunque sea el servicio cristiano! La gente que pone el servicio primero, se molesta con “los espirituales”.

Marta pensaba que tenía razón y que Jesús estaría de su parte. Después de todo, le estaba sirviendo a él, ¿no es cierto? Para su sorpresa, la reprende, suavemente. Parece que no lo valora cuando anteponemos el servicio a estar con él a sus pies, escuchándole. Le dice:“Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. El trabajo que hemos hecho para Jesús a expensas de la relación con él nos será quitado en Aquel Día. Será quemada como“madera, heno y hojarasca”. No tendremos ninguna recompensa eterna para él.  Pero cuando pasamos tiempo sentados a los pies de Jesús, estamos invirtiendo en la eternidad.

“Solo una cosa es necesaria”. La única cosa necesaria en la vida es conocer a Jesús. ¡Qué pena gastar la vida en cosas que nos serán quitadas: el dinero, los bienes  materiales, placeres pasajeros, tiempo malgastado, hasta el servicio cristiano realizado en la carne, sin la plenitud del Espíritu Santo, todo esto será quemado. En cambio, el tiempo que hemos pasado con Jesús es una inversión en la eternidad que rinde tesoro eterno. Esto nunca nos será quitado.

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