Fórmate en la santidad

Margarita Burt

“Ejercítate para la piedad.  Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu,  fe, y pureza. Ocúpate en la lectura, la exhortación, y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello” (1 Tim. 4:7-16).

Estas son las instrucciones que el apóstol Pablo dio a su hijo en la fe, Timoteo. ¡Casi nada! La espiritualidad no cae del cielo sobre una persona. Se tiene que trabajar en ella. No es solo cuestión de asistir cultos y absorber el buen ambiente y disfrutar de los hermanos. Hay que poner un gran esfuerzo de nuestra parte para cultivar una vida auténtica de creyente. “Ejercitarse en la piedad” significa trabajar nuestra espiritualidad, forjar un carácter cristiano y unas costumbres que son propias del que profesa fe en Cristo. La piedad significa compasión, misericordia, caridad, conmiseración y lástima en cuanto a nuestros semejantes, y devoción en cuanto a Dios.

Esta frase en la Nueva Traducción Viviente es vertida: “Entrénate para la sumisión a Dios”. Nosotros también tenemos que ejercítarnos para la piedad. El Señor nos pide que nos esforcemos para ser un ejemplo de los creyentes en nuestra forma de hablar, en nuestra conducta, en el amor que mostremos para con todos, en la espiritualidad, en nuestra vida de fe y confianza en Dios, y en la pureza de nuestras acciones y relaciones con los demás. Con estas seis palabras entra todo, desde nuestra vida de oración hasta nuestra manera de tratar a los vecinos y nuestra conducta en el trabajo. La gente tiene que mirarnos y pensar: “Así vive un creyente en el Señor Jesucristo”, sin poder acusarnos de nada.

También Timoteo, como nosotros, tenía que dedicar tiempo a la lectura de la Palabra, y a enseñarla a otros y exhortarles. Exhortar es aplicar la Palabra, insistir en ella, señalar lo que está mal y animar a la gente a poner por obra la enseñanza bíblica. Además, Timoteo tenía que hacer servir el don que Dios le había dado. Aquí Pablo no dice cual es, pero Timoteo lo sabe, y tiene que hacerlo funcionar. Nosotros también tenemos que usar nuestros dones en el servicio del pueblo de Dios y no dejarlos sin aprovechar.

Otra cosa que Timoteo tenía que hacer era cuidar la doctrina. Pablo siempre estaba al tanto de la doctrina, enseguida corrigiendo doctrina falsa. La detectaba desde lejos, la denunciaba, corregía los errores de la gente y reprendía a los falsos maestros. Quiere que Timoteo haga lo mismo. La doctrina es muy importante. Hoy día no se insiste tanto en ella como en generaciones pasados, pero la Biblia no ha cambiado, y el Señor quiere que estemos pendientes de la doctrina, que conozcamos bien la doctrina sana y que insistamos en ella.

Pablo dice que haga todo esto “para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”. Tenemos que crecer de manera tan obvia que todo el mundo se dé cuenta de los cambios en nosotros. Se tienen que fijar y decir: “Mira a Fulana de Tal. ¡Cómo ha cambiado! Casi no lo puedo creer. ¡Qué bueno! El Evangelio tiene que ser cierto”. O, si son creyentes, dirán: “¡Gloria a Dios! Es maravilloso ver su obra en ti”.

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