Una obra que sale de la pluma de dos pesos pesados del cristianismo evangélico español y que, por ello, no necesitan que los presentemos, dada su muy extensa labor de enseñanza bíblica a través de los años.
Igual que el libro anterior, Vivir la vejez, el contenido surge de la ocasión de uno de los retiros para mayores de 60 en Los Naranjos, en la Sierra Norte de Sevilla. Es, sin duda, un gran acierto publicar este material que responde a una necesidad de los mayores, ¡de todos los mayores! ¿Qué hacer con las cargas del pasado? Un pasado que no puede cambiarse pero que Dios en su gracia decide restaurar y transformar. ¿Acaso no fueron los últimos años de la vida de Jacob, el torpe Jacob, los más fructíferos? Hasta ahí puede y debe llegar la gracia de Dios, siendo nuestra responsabilidad el abrirnos a ella. Mal asunto el de quedarse mirando atrás pensando en los errores que uno cometió, en el tiempo desperdiciado, en las tentaciones no vencidas, en las malas decisiones… Pero tampoco es que sea demasiado bueno acariciar con nostalgia los pocos o muchos éxitos que uno pudo tener y pensar de manera engañosa cómo el tiempo pasado fue mucho mejor.
Aprender a aceptar que pudieron torcerse muchas cosas, a mirar de qué manera Dios ha escrito derecho con nuestros renglones torcidos, cuya prueba es estar viviendo el momento actual manteniéndonos en la fe, es uno de los objetivos de este libro. Sin aquel pasado no tendríamos este presente.
Ambos autores, Stuart y Pablo, excelentes maestros de la Palabra, se complementan muy bien en esta pequeña obra. Stuart, de sólida formación filológica aporta un comentario sobre tres mujeres que aparecen en los evangelios como ejemplos del pasado que Dios recicla: la samaritana, la mujer de la casa de Simón el fariseo y María Magdalena. Pablo, dada su formación como psiquiatra, aterriza en el mundo real movido por el sentimiento empático que le caracteriza y responde a la cuestión que tanto puede herirnos: ¿cargado por tu pasado?
Solo podría hacérsele una crítica constructiva a la obra, que es demasiado breve, que el lector se queda con ganas de más.
Alberto Arjona, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.

