Imagina que este libro está lleno de pastillas en vez de páginas. Lo abres y te encuentras con cincuenta y dos pastillas colocadas con cuidado. Si eres joven y estás sano, quizás pienses: No las necesito. Es posible que las tires o que las guardes en una caja para usarlas en el futuro. Si eres más mayor o padeces una enfermedad crónica física o mental, quizás te llame más la atención. ¿Y si este es justo el medicamento que estabas buscando?
Este libro no es un pastillero. Sin embargo, sí contiene una receta. Esta receta es de algo que, si se toma al menos una vez a la semana, podría alargar tu esperanza de vida hasta siete años, aumentar de manera significativa tus posibilidades de ser feliz y reducir de forma considerable la probabilidad de que sufras depresión.
Si crees que es demasiado bueno para ser verdad, revisa los efectos secundarios. Consisten en un aumento del sentido de propósito en tu vida, más probabilidades de hacer un voluntariado y de mostrar generosidad hacia aquellos en necesidad. De nuevo, te muestras escéptico. Esto debe ser un timo. Vas a la contraportada para ver de dónde viene la información. Allí descubres que ha sido nada menos que la Escuela de Salud Pública de Harvard la que ha sometido este medicamento a exhaustivas pruebas.
¿Te tomarías las pastillas?

El medicamento milagroso de asistir a la iglesia
En un artículo de 2016 para USA Today, el profesor de la Escuela de Salud Pública de Harvard Tyle VanderWeele y el periodista John Siniff plantearon la siguiente pregunta:
Si alguien pudiese crear un solo elixir para mejorar la salud física y mental de millones de estadounidenses sin que costase nada, ¿qué valor le daría nuestra sociedad?
Y, yendo un paso más allá, si las investigaciones mostrasen de manera concluyente que cuando se toma una vez a la semana, este mejunje reduce en un 20 % a un 30 % la mortalidad en un período de tiempo de quince años, ¿con qué urgencia querríamos hacerlo público?
[…] No importa en qué creas, me imagino que no esperas que un profesor de Harvard te recete lo siguiente: “Iglesia. Tómala una vez a la semana (o más) para obtener mejores resultados”. Sin embargo, estudio tras estudio han demostrado que las personas que acuden a reuniones religiosas una vez a la semana o más están más felices, más sanas y viven más tiempo que aquellas que no lo hacen. Si alguna otra práctica tuviese estos mismos efectos, las campañas de salud pública lo anunciarían en todas partes.
Me pregunto qué te parece esta información.

[…] En los capítulos 1 y 2 de este breve libro, analizaremos los datos sobre los beneficios mentales y físicos de asistir a la iglesia una vez a la semana. Veremos que no se puede explicar la existencia de estos beneficios meramente con el contacto social. Como explica VanderWeele: “El apoyo social es fundamental, no obstante, solo explica un cuarto de los beneficios observados”. La mayoría de las personas que participan en reuniones religiosas en los estudios son personas que van a la iglesia, pero la mayoría de estudios no diferencia entre las diferentes tradiciones religiosas. De este modo, por ejemplo, las personas que van a la sinagoga una vez a la semana o más presentan beneficios similares a los de aquellas que asisten a una iglesia cristiana. Sin embargo, el elemento religioso parece ser esencial. Los padres que se juntan con las mismas personas cada semana porque sus hijos forman parte de algún equipo deportivo no experimentan el mismo nivel de beneficio. Parece que los humanos prosperamos cuando adoramos juntos.
En el capítulo 3, observaremos los beneficios morales de ir a la iglesia cada semana. No importa dónde te encuentres en el espectro religioso, me imagino que ves el altruismo (ya sea dando dinero o dedicando tu tiempo como voluntario a una causa solidaria) como algo beneficioso para la sociedad. Por tanto, analizaremos los efectos que tienen las prácticas de una persona religiosa sobre la manera en la que trata a los más necesitados. También plantearemos una pregunta más profunda: ¿por qué creemos que cuidar a los pobres, a los enfermos y a los vulnerables es algo bueno? Puede parecer una pregunta extraña. Pero, te des cuenta o no, la supuestamente evidente verdad de que toda vida humana es igual de valiosa (a pesar de la edad, sexo, nacionalidad, nivel de ingresos o habilidades) nos ha llegado a través del cristianismo. Si el cristianismo no es verdad, no tenemos ninguna base secular para la creencia fundamental de que todos los seres humanos somos iguales. Sin la existencia de esa verdad ética, nos
quedamos colgados.
Por último, en el capítulo 4, nos enfrentaremos a la verdad que nos persigue a lo largo de toda la vida. Da igual lo sanos que estemos tú y yo (no importa el ejercicio que hagamos, que comamos bien, que durmamos, que no fumemos, que vayamos al médico o incluso a la iglesia) todos dentro de poco seremos cadáveres. De este modo, en el último capítulo de este libro, reflexionaremos sobre la extraordinaria afirmación del cristianismo de que cualquiera que ponga su confianza en Jesús será llevado a través de la muerte a la vida eterna con él. Quizás creas que hoy en día esto es inverosímil. Sin embargo, VanderWeele es uno de los muchos académicos de renombre mundial que cuestionarían esta suposición. En vez de rechazar por completo el cristianismo, VanderWeele sugiere que “cualquier persona culta debería, en algún momento, examinar de manera crítica las afirmaciones del cristianismo y debería ser capaz de explicar por qué cree, o no cree, en ellas”.
