Tesalónica es una de las ciudades más importantes del Nuevo Testamento. Tras su glorioso pasado macedonio, se convierte en el segundo de los cuatro distritos administrativos del país llegando a ser la capital de toda la provincia de Macedonia con unos 200 000 habitantes. Los romanos la valoraban tanto que incluso al trasladar la capital imperial desde Roma, dudaron en designar a Tesalónica o Constantinopla como capital del mundo.
Al margen de tener privilegios en la exención de diversas cargas como ciudad libre, contaba con gobernantes denominados politarcas como autoridades civiles, y con su propia asamblea popular, e incluso moneda propia. Además, era conocida por su puerto comercial con grandes astilleros, teniendo en cuenta que la famosa Vía Ignacia la atravesaba como paso obligado y puerta de Oriente para comerciantes de Europa y Asia. La ciudad era cosmopolita y tremendamente rica, y un enclave geográfico crucial. Esto da lugar a un ambiente mundano y materialista de cuya influencia era muy difícil escapar. Sobre todo, era conocida por la prostitución de lujo como muestra una gran cantidad de cerámica descubierta en la que se observan motivos eróticos en centenares de objetos, lo que impregnó esa sociedad de promiscuidad y sexo, con gustos muy propios del siglo XXI, pero adelantados dos mil años. Los dioses estaban muy presentes en este tipo de fiestas sexuales, y no es de extrañar que la conversión requiriese un cambio radical para retornar de los ídolos al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo (1:9-10). Es decir, la mayoría sigue el placer carnal, y unos pocos cambiaron de rumbo para dejar una influencia muy sonada, y ser contrarios a las corrientes que arrastraban a tantas personas con suma facilidad.
Con gustos muy propios del siglo XXI, pero adelantados dos mil años.
No es de extrañar que, en este caso, con tanta riqueza, los judíos o prosélitos construyesen una sinagoga y que el evangelio al mismo tiempo que la persecución, partiesen de estos en direcciones opuestas. La dificultad para reconocer al Mesías sufriente a pesar de las evidencias incuestionables en su persona, era un caballo de batalla permanente entre los judíos. Por otro lado, la cruz, nunca será popular, pero es llamativo que también se añaden gentiles y mujeres de alto rango social que pronto hicieron mucho “ruido” con el mensaje de las buenas noticias del evangelio para aquellos que estaban hartos de la idolatría y el libertinaje.
Aunque pensemos que toda la sociedad camina en la misma dirección, muchos quieren escapar de tanta corrupción por causa del pecado, y el evangelio cala incluso más allá de lo que podamos pensar, a poco que se predique con fervor.
Pablo escribe pensando en su primera estancia allí. Las conversiones han sido un fruto genuino y tras las dificultades que surgieron quiere animarles, en medio de la persecución, para resaltar su compromiso y alejamiento de las prácticas pecaminosas. Por otro lado, la segunda venida está presente en cada capítulo de esta epístola, porque lo importante es que, a pesar de tener todo en contra, en Cristo siempre miramos al futuro con esperanza y esto nos consuela. Precisamente, aflicción y advenimiento son dos ideas gemelas de la epístola, donde la fe, amor y esperanza van ligadas con obra, trabajo y constancia o paciencia.
Tras esta introducción, David F. Burt se adentra en el comentario del texto bíblico que, como en otros de sus escritos, tiene un enfoque magistral. Timoteo ha traído noticias y la respuesta de Pablo expresa alegría y satisfacción por ser consecuentes con su fe y testimonio, manifestando una ética que debería darse en todas las iglesias. Para las de todo el mundo, y especialmente en sociedades marcadas por el hastío a causa del libertinaje, caso de España, el mensaje de la epístola es muy relevante. Claro que había influencias dañinas en la iglesia que había que mencionar porque el pecado está en nosotros, al margen de personas que se toman el evangelio con una relajación inusitada, incluso para no hacer prácticamente nada por ser “los más espirituales”. Además, la partida de algunos hermanos había dejado a muchos creyentes sin respuestas y con una gran consternación. Este es nuestro caldo de cultivo u otros problemas, pero en Cristo, a la espera de su segunda venida, miramos hacia adelante con fe, mientras quitamos de nosotros aquellas cosas que conviene evitar lo antes posible. Por eso, tras la acción de gracias, en la segunda parte de la epístola, llega la exhortación.
Para resumir el contenido de esta perspectiva bíblica, recurrimos a las propias palabras de David F. Burt:
Y, para el ministerio cristiano, es el examen de Dios el que le salva de todo tipo de engaño y falsedad en el ministerio. En la medida en que el creyente vive en autenticidad delante de Dios, actuando en todas las esferas de su vida con la intención de agradarlo, puede estar seguro que no hay duplicidad o manipulación en su servicio… // … Todo ministro tiene que escoger a quién servirá. No puede servir a dos señores. No puede atender a las preferencias y presiones humanas y ser fiel a la vez, a su llamamiento divino. No puede modificar su mensaje según las modas de la época sin traicionar su llamamiento. (pp. 114-115)
David Vergara, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.

