José Moreno Berrocal nos habla sobre “LA REFORMA. LO QUE NECESITAS SABER Y POR QUÉ”

La Reforma. Lo que necesitas saber y por qué, es un libro muy valioso. La principal razón estriba en que, difícilmente, se puede decir nada más y mejor sobre la Reforma Protestante del siglo XVI, de una manera tan sucinta. Es por ello una excelente introducción a la Reforma y a las implicaciones actuales de la misma.

La tesis fundamental del libro es que la Reforma fue el redescubrimiento del evangelio. Para Michael Reeves, la Reforma fue “un movimiento positivo para avanzar hacia el evangelio” (p. 44). Para John Stott: “los reformadores del siglo XVI, que dieron vigencia al término evangélico y a quienes recordamos con enorme gratitud y admiración, dejaron bastante claro que la fe evangélica es la fe cristiana en su forma original y auténtica” (p. 47). En este sentido, la fe evangélica es, en palabras de Lindsay Brown, autor del atinado prólogo que presenta este libro: “una reafirmación de la verdad apostólica” (p. 21). Citando de nuevo a Stott “la fe evangélica es el evangelio” (p. 54). Por ello, Stott nos exhorta a retener el término evangélico, y a procurar estar a la altura del mismo. En su contribución, Reeves nos muestra cómo la Historia de la Reforma está indisolublemente unida a la experiencia de salvación de Martín Lutero. No que Lutero fuera el único protagonista de la Reforma. Reeves menciona también la obra de Erasmo, Wycliffe y Tyndale, así como a algunos de los mártires de la Reforma, y a Juan Calvino. Pero, es indudable que Lutero es el primero que puso de manifiesto que el sistema católico-romano de salvación no podía traer paz y consuelo al culpable. Y es que hacía depender la salvación de lo que uno pudiera hacer por Dios. Es decir, era un mensaje que contradecía el del evangelio. Esa angustia por su pecado llevó al monje alemán a investigar concienzudamente las Escrituras. En las mismas hizo un descubrimiento extraordinario: que el ser humano solo puede ser salvo por la gracia de Dios. Que solo puede ser justificado por la fe en Cristo. Que la salvación no depende de nosotros, sino solo de Dios. Lutero se había encontrado con el evangelio, las buenas noticias de salvación de Dios en Cristo para los pecadores. Por ello, Reeves concluye que el corazón de la Reforma se encontraba en el mensaje de la justificación por la fe sola: “la justificación es lo que hizo de la Reforma la Reforma” (p. 42). Al mismo tiempo, solo la recepción de la Biblia como suprema autoridad, la Sola Scriptura, podía, igualmente, proporcionar seguridad al alma de que se encontraba en las manos de Dios. Estas enseñanzas reformadas son de un valor extraordinario hoy también, ya que colocan nuestra aceptación y seguridad, no sobre nuestras impresiones, sino sobre una base objetiva: lo que Dios ha hecho en Cristo para salvarnos, y el testimonio infalible de esa obra divina en las Escrituras. Por su parte, Stott nos recuerda que los reformadores fueron “renovadores y no innovadores” (p. 47). Stott coloca el mensaje de la Reforma en el marco más amplio de la fe trinitaria, la afirmación de que creemos en Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. A la luz de la obra salvadora del Dios trino a favor nuestro, Stott nos desafía a “explorar nuestra responsabilidad personal con la fe evangélica y lo que significa
mantenerla y transmitirla a otros” (p. 54). Stott consigue así mostrarnos que la pertinencia de la Reforma hoy radica en nuestra defensa del Evangelio de acuerdo a la rica enseñanza bíblica sobre lo que implica ser evangélico.

Complementa a este libro una Cronología de la Reforma, interesante por mostrar cómo Dios preparó la Reforma mucho tiempo antes de que ocurriera, ¡así como por incluir fechas de la Reforma Española! Es también positiva la inclusión de Las 95 tesis de Lutero, de gran importancia histórica, como señal de partida de la Reforma. También destacaría el gran prólogo de Lindsay Brown,  al que tuvimos en España hace años, y que es autor de un precioso libro titulado Brillando como Estrellas. Otra serie de apéndices resultan valiosos porque inciden sobre la actualidad de la Reforma. Así, la reflexión de Alan Purser sobre Juan 17 es muy adecuada, en vista del hecho de que algunos de los versículos de este capítulo representan el caballo de batalla del movimiento ecuménico moderno. De una manera muy sencilla, y apelando de nuevo a Stott, Purser demuestra cómo la unidad por la que oró Jesús aquí, se basa en la palabra apostólica, es decir, en el evangelio. En esta misma línea Lloyd-Jones afirmó que “Nunca debemos comenzar con la iglesia visible o con una institución, sino solo con la verdad que es lo único que crea la unidad”. Unidad Cristiana, ¿cuál es su base verdadera? (p. 64). En tiempos como los nuestros, en los que algunos sucumben al ecumenismo con Roma, hemos de recordar que no hay unidad sino se comparte el evangelio. Otros apéndices incluyen preguntas y lecturas para profundizar sobre la Reforma y su relevancia presente, los libros que recomienda el movimiento Lausana en España, así como una explicación de lo que fue ese movimiento, y su influencia en el mundo evangélico hoy.

Estamos, pues, ante una publicación que merece gozar de una amplia difusión, ya que identifica bien lo que fue la Reforma: el retorno al evangelio de Dios, Romanos 1:1, y cómo ese evangelio es lo único que hará que la iglesia siga siendo sal y luz también en pleno siglo XXI.
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