El significado de Monte de la Transfiguración

Margarita Burt

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto” (Mateo 17:1).

La experiencia en el Monte de la Transfiguración llevó a cabo muchos propósitos:

1.     Fue la confirmación de que Jesús, sí es el Hijo de Dios. El texto empieza diciendo: “Seis días después”. ¿Después de que? Después de la confesión de Pedro a tal efecto (Mat. 16:16). La voz del Cielo ratifica su afirmación: “Este es mi Hijo amado” (17:5). Pedro había acertado. Es doctrina conocida para nosotros, pero para que un judío diga que un ser humano es el Hijo de Dios requiere una revelación divina, tal como dijo Jesús: “No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (16:17). Ellos esperaban a un Mesías, sí, pero no que éste fuese Hijo de Dios.

2.     Vieron su gloria“Se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol” (17:2). Ahora ven la eterna gloria de Jesús. Es una segunda confirmación para los 3, y los tres son testigos de esta gloria para todas las generaciones siguientes. Son tres los que lo ven, no uno que tenga una visión; con tres queda confirmado.

3.     Fue una confirmación para Jesús. Había entendido bien que la voluntad de Dios para él era la cruz. La voz dijo: “Este es mi Hijo amado”, confirmando su mesiazgo (Sal. 2:7), “en quien tengo complacencia”, una frase procedente de Is. 42:1, confirmando su misión como siervo sufriente. La voz junta estos dos textos dando a entender que el Hijo es el siervo y el siervo es el de Is. 53.

4.     Enseñó que Jesús está en comunión con Moisés y Elías, la Ley y los profetas; no hay ninguna contradicción entre Jesús y el Antiguo Testamento. Están en perfecta armonía, pero Jesús es superior. Pedro pensó que los tres eran iguales e iba a construir tres enramadas, uno para cada uno, pero la voz dijo: “Este es mi Hijo amado… a él oíd”. Él es el cumplimiento de todo lo que está escrito en la Ley de Dios. Es más que Moisés y más que Elías. Él es el Profeta de los profetas, la misma voz de Dios. Los tres discípulos se habían postrado ante la nube y la voz de Dios. Jesús tuvo que tocarlos para darle fuerzas y quitar su temor. Cuando abrieron los ojos, “a nadie vieron sino a Jesús solo”(17:8). Los otros habían desaparecido ante la gloria de Jesús. Jesús es el más grande, y él es el que ha de llenar toda nuestra visión.

Si estás convencido de que Jesús es el Hijo de Dios, es porque Dios mismo te lo ha revelado. Quiso que conocieses a su Hijo y te lo ha dado a conocer. Si has empezado a ver un poco de su gloria, es porque Dios te la ha mostrado. Quiere que Jesús sea tan grande ante tus ojos que no veas a nadie más, que Él llene toda tu visión, y que nadie este en competición para tu devoción, solo Jesús. Siendo testigo de su gloria, no quiere que te quedes en el monte en una enramada, contemplándole, sino que bajes al valle  donde están la gente, para atenderles por amor a Él, con la visión fresca en tu mente: “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre, que se arrodillo delante de él diciendo; Señor ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo” (17:14). Que así sea.

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