¡Qué hermoso!

Margarita Burt

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo” (Ec. 3:11).

Un joven

            No habrías dado un duro por él. Era de carácter insoportable, rebelde, contumaz, tozudo, impresentable y de malas compañías, pero su madre oraba por él. Una noche, encontrándose en un lugar donde ningún hijo de creyentes debe ir, un chico que le tenía tiria le puso una droga en su bebida para acabar con él. Al rato, cayó al suelo inconsciente y se despertó en el hospital al borde de la muerte, pero no pasó el umbral, porque Dios quiso hacer algo mucho más grande que hacer de él un espectáculo del resultado de la rebeldía; quiso glorificarse en él, transformándole, tal como lo hizo con el hijo prodigo. ¡Es otra persona! Volvió en sí. Reflexionó e hizo un cambio de 180º. Ahora es simpático, amable, atento, servicial, cariñoso, humilde, consciente de cómo era, agradecido al Señor, disciplinado, estudioso de la Palabra, y lleno del Señor. Disfrutas estando con él. ¡Qué hermoso!

Una madre joven

            Esta es una mujer que ha nacido en la iglesia, bebido de la iglesia, y crecido en la iglesia. Se casó en ella, ¡y tuvo un hijo en ella! Podríamos decir que nació allí. Pues, iba siguiendo una vida normal de iglesia hasta que se presentó una crisis en su vida. Su marido le abandonó dejándole con el niño pequeño y sin recursos. En estos momentos uno o bien se agarra al Señor, o bien se hunde en la desesperación. Ella se ha afianzado en el Señor de manera que ha transformado toda su vida. Ha pasado de ser una mujer de iglesia a ser una mujer de Dios. Su cara es radiante con la paz de Dios. Es más guapa que nunca. Está firme y estable en Él, asumiendo la responsabilidad, tomando decisiones, creciendo en madurez, ¡y es hermoso verlo! 

Una mujer de edad mediana

            En estos días de desempleo y paro, también los cristianos están afectados. Muchos se encuentran en situaciones de dificultad económica. Algunos son personas muy preparadas, con carreras, que han buscado trabajo, y no lo encentran. Este es el caso de una mujer creyente que vive sola, porque su marido (supuestamente creyente) le abandonó hace muchos años y su hijo vive lejos. Tiene lo justísimo para vivir, ¡y está feliz! ¡Está contenta! La gente se maravilla con ella, porque no está preocupada, quejosa, amargada, dudando del Señor, sino todo lo contrario. Tiene esa paz profunda que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7), que no tiene explicación humana. Una transformación paulatina ha tomado lugar en su vida. Ha ido creciendo, cambiando actitudes, rasgos de carácter, aceptando su realidad, lo que Dios ha permitido, y activamente confiando en Él para su futuro. Usa su tiempo libre para estudiar la Palabra, leer libros cristianos y disfrutar del Señor. Es hermoso ver el cambio que Dios ha operado en ella por medio de estas circunstancias adversas.

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