El poder evangelístico de escuchar y preguntar

“¿Cuándo fue la última vez que compartiste el evangelio con alguien?”, fue la pregunta que me hizo mi amiga Claire hace poco. “No solo hablar de Jesús, sino compartir de verdad la historia del evangelio con alguien”.

Bueno, hace tiempo. En algunos sentidos, parece que este no es el mejor momento para evangelizar. En estos últimos dos meses, en mi ciudad, hemos tenido disturbios, protestas y un pico de contagios por coronavirus. Parece que sea más un tiempo para escuchar que para hablar.

El nuevo libro de Rebecca Manley Pippert, Sal: En un mundo cambiante, el evangelio sigue siendo relevante, muestra cómo estos dos aspectos, hablar y escuchar, no tienen por qué estar enfrentados. Para Pippert, ambos son necesarios para compartir el evangelio. Esta esclarecedora síntesis sobre escuchar y compartir es, quizás, el aspecto más notable del libro, haciéndolo particularmente adecuado para este tiempo.

Pippert ha dedicado la mayor parte de su vida a enseñar sobre evangelización. Su libro Fuera del salero: Para servir al mundo, escrito cuatro décadas atrás, todavía era de obligada lectura en el seminario de mi marido a finales de los 90 y figuraba en la lista de “Los mejores 50 libros sobre evangelización” elaborada en 2006 por el periódico evangélico Christianity Today. Pippert afirma que escribió este libro, Sal, para mostrar a los cristianos cómo compartir su fe “en este nuevo mundo poscristiano”.

Pero, ¿cómo? Escuchando y compartiendo historias.

Introducción: pregunta que muestre interés

Sal se basa en un sobrio recordatorio: la evangelización no es opcional para los cristianos. Las últimas palabras de Cristo a sus seguidores fueron “id y haced discípulos”. Pippert remarca que Jesús no dijo, “Id, pues, todos los extrovertidos, todos los comunicadores dinámicos y todos los que tenéis el don de evangelista, y haced discípulos. El resto de vosotros, simplemente pasad el rato y esperad. Cantad canciones de alabanza hasta que regrese”. Sin embargo, la guía de Pippert para empezar a obedecer no es subirse a la palestra o tuitear. En su lugar, sugiere que empecemos escuchando.

En primer lugar, escuchar a Dios. Conocer la historia del Dios de la Biblia y aprender cómo eso moldea nuestra propia historia nos da el mensaje, el ejemplo y la motivación para hablar a los demás de Cristo.

En segundo lugar, escuchar las historias de las personas que nos rodean. Dado que el hombre y la mujer fueron creados a la imagen de Dios y, por tanto, tienen un valor inconmensurable, debemos interesarnos por ellos. Una forma de hacerlo es mediante “preguntas sobre sus intereses”, mostrar interés en alguien para saber de sus intereses. Pippert cuenta la historia de una amiga atea abrumada por una maravilla inexplicable al mirar a los ojos de su hijo recién nacido. Otra amiga con un extraordinario don para el violín y un fuerte rechazo intelectual hacia Dios se dio cuenta, no obstante, de que interpretar a Bach parecía un acto de adoración hacia algo externo a ella. Todos tenemos una historia. Al realizar preguntas sinceras y escuchar atentamente, tenemos el privilegio de escuchar las historias de los demás y vislumbrar cómo encajan en la gran historia de Dios.

Evolución: pregunta de un tema, opinión

Luego, Pippert sugiere que una buena forma de ahondar en una conversación o relación es mediante preguntas sobre un tema, que muestren una opinión, una pregunta para ver el punto de vista de la persona sobre un asunto en concreto.

Está en lo cierto. El mes pasado tuve innumerables oportunidades para respirar hondo y pedirle a la gente que conozco y aprecio que compartiera su opinión sobre la injusticia racial en Estados Unidos. No solo aprendí mucho que desconocía sobre el tema, sino que también aprendí mucho de las personas con las que hablé, sus creencias y pasiones.

Pippert nos alerta a prestar especial atención cuando una persona responde con emoción. Lucas 6:45 dice que de lo que abunda en el corazón habla la boca. Rebecca ve la pasión, el enfado, la tristeza o la alegría en una historia como posibles señales del Espíritu Santo trabajando. Estas también pueden ser excelentes oportunidades para simplemente mostrar el amor de Cristo a una persona al escuchar y responder como Cristo nos escucha y responde cuando le abrimos nuestros corazones.

Desenlace: pregunta sobre Dios

Al hablar con las personas sobre sus intereses y pasiones, Pippert dice que muchas veces es más fácil de lo que pensamos hacer una pregunta sobre Dios, “que obligue a la gente a reflexionar sobre su propia cosmovisión y a considerar qué aporta Dios a ese tema en cuestión”. Hacer preguntas sobre las creencias de una persona, en especial sobre su opinión acerca de Dios, nos abre la puerta para conocer su historia, pero, quizás, también, para compartir a Cristo mediante nuestra respuesta.

Pippert ha convertido en una práctica el compartir su historia con el evangelio. Antes de convertirse al cristianismo, leyó los evangelios y se quedó impresionada al ver a Jesús hablar como un revolucionario diciendo cosas como “¡He venido a traer fuego a la tierra!”. Recuerda estar leyendo Juan 2 por primera vez y pensar “No me puedo creer que a Jesús le enfade tanto como a mí la hipocresía religiosa”. Ni siquiera creía las historias que leía, pero su poder la conmovía. Ese poder venía del corazón del evangelio, la cruz, donde Dios manifestó su justicia, y nuestra sed de justicia y bien fue saciada.

Para los cristianos, amar de forma adecuada es escuchar de forma adecuada, primeramente, a Dios, luego a las personas que nos rodean, y después compartir la historia de Cristo con amor y valentía en un mundo necesitado.

Compartir la gran historia con amor

El libro Sal ofrece una fuerte base para ayudar a los cristianos a obedecer la comisión de compartir la historia del amor y sacrificio de Cristo por el mundo. Está repleto de historias sobre jugadores de la MBL (liga profesional de béisbol de EE. UU.), peluqueros, pilotos de NASCAR, violinistas, modelos y personas que viajaron a su lado en algún avión y que quedaron asombradas al descubrir que ellas también formaban parte de la historia de Dios.

De hecho, hay tantas historias en el libro que, en ocasiones, el hilo argumental de Pippert es difícil de seguir. Pero esas historias también apuntan al corazón del libro, el énfasis en escuchar a las personas, y responder con verdad y amor. Pippert nos recuerda que nosotros no somos el Autor. Nos repite una y otra vez que nuestro objetivo es evangelizar, no salvar a las masas, ¡nosotros no podemos salvar a nadie! Nuestro deber es obedecer al Señor escuchando las historias de quienes nos rodean y recordarles (a ellos y a nosotros mismos) la Gran Historia que todos necesitamos escuchar. Su modelo de evangelización reconoce que todas las personas tienen su capítulo dentro de una historia mucho mayor.

Este artículo se ha traducido de su versión en inglés. Usado con permiso de The Gospel Coalition.

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