Una vida de buen testimonio

Margarita Burt

“Que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia” (1 Tim. 5:14).

El enemigo quiere que demos mal testimonio y así dar mala fama a la iglesia. El contexto de nuestro versículo son las instrucciones que Pablo da a las viudas, pero el principio se puede aplicar a todos. Tenemos que vivir de tal manera que no manchemos el nombre de Cristo por nuestra conducta.

Pablo ya ha dicho que para constar en la lista de viudas atendidas por la iglesia,  una tienen que haber dado buen testimonio (v. 9, 10). Ahora dice: “Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia, porque ya algunas se han apartado en pos de Satanás”.  Dice que “la (viuda) que se entrega a los placeres, viviendo está muerta” (v. 6). Son palabras fuertes: “en pos de Satanás” y “está muerta”. Pablo tomaba muy en serio la vida cristiana y enseñó a los creyentes nuevos a hacer lo mismo. Las personas apartadas van en pos de Satanás. Nosotros no lo diríamos con estas palabras. Pensamos que los apartados todavía son salvos, porque tuvieron una decisión por Cristo tiempo atrás. Pablo no lo veía de esta manera.  El que vuelve al mundo está perdido.

“A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman” (v. 20). ¡Si hiciésemos esto en nuestras iglesias, las vaciaríamos! O tal vez lo contrario, que tendríamos tanto temor a Dios que tendríamos mucho cuidado para no pecar. Hay que reprender públicamente a los que persisten en pecar. Ya han sido advertidos, pero no han hecho caso. Entonces, hace falta una medida más fuerte para que no se pierdan. Pablo lo dice muy en serio: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin perjuicios, y no haciendo nada con parcialidad” (v. 21).  En la disciplina dentro de la iglesia no puede haber favoritismos para amigos y familiares, ni perjuicios hacia los que nos caen mal; todo tiene que hacerse con justicia, sin parcialidad. Aunque sea un miembro de tu familia, repréndele delante de todos, para que los demás también teman.

“Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después” (v. 24). Pablo está enseñando a Timoteo que hay que tratar con el pecado en la iglesia. No podemos ignorarlo. Todo pecado se descubrirá más pronto o más tarde. ¡Mejor que se descubra ahora y no en el Día final!  Hay que reprenderlo. Hay que velar por las almas y advertirles para que no se pierdan. Hace falta mucho temor a Dios y hace falta mantener un buen testimonio personal para el bien de cada uno y por amor al testimonio de la iglesia en su conjuntoQue no demos al adversario ninguna ocasión de hablar mal de la Iglesia de Cristo.

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Un comentario

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