La tienda de Dios

Margarita Burt“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen”  (Salmo 34:7).

El creyente está aquí descrito como “el que teme a Dios”. Temer a Dios es más que creer en Él, es reverenciarle. El verdadero creyente teme a Dios: le admira, le adora y le obedece.

El temor a Dios no hace que esté muy lejos, sino muy cerca. Dios está a su lado. Acampa alrededor de él. Ahora, es muy interesante visualizar esto. Si el creyente está en su tienda, Dios pone la suya alrededor, a la derecha, a la izquierda, enfrente y detrás. Esto evoca la imagen de Israel acampado en el desierto en tiempos de Moisés, pero al revés. En aquella etapa de su historia, al pelegrinar por el desierto, la tienda de Dios, el Tabernáculo, estaba en medio y las doce tribus de Israel alrededor, tres a cada lado. Dios era el centro de su vida como pueblo. Esto nos habla de Dios como el centro de nuestra vida y todo lo que hacemos gira alrededor de Él.

En nuestro versículo de hoy, tenemos la tienda de Dios alrededor y el del creyente en el centro. Pero no podemos tener a Dios en cuatro tiendas, una a la derecha, otra a la izquierda, otra arriba y otra abajo, porque Dios no se divide. ¿Cómo, pues puede estar alrededor de un hijo o una hija suya? Únicamente si nuestra pequeña tienda está plantada en medio del gran Tabernáculo de Dios. Entonces, sí que Él está alrededor nuestro. Esto es tener nuestra ubicación en Dios, estar rodeado de Él. Es tener nuestra morada en él, estar en el mismo centro de Él, ocupar un lugar central en su corazón.

“El que habita el abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 80:1).

Mientras dure nuestro peregrinaje por el desierto de esta vida, nuestra pequeña tienda está plantada dentro del Tabernáculo de Dios. Cuando nuestra tienda ya esté muy gastada (esto es, nuestro cuerpo mortal), tendremos una casa en los cielos (2 Corintios 5:1). La tienda habla de una vivienda temporal; la casa es algo sólido. Nuestra casa estará dentro del Tabernáculo o templo de Dios en los cielos. Pero, como en el cielo no hay templo, porque el Señor Dios es el templo (Ap. 21:22), simplemente viviremos en Dios para toda la eternidad.  La muerte es pasar de vivir en el Tabernáculo de Dios aquí abajo a vivir en Templo del cielo, en Dios mismo siempre, rodeados de Él, centrados en Él, y siendo el centro del él, como nuestro cuerpo rodea nuestro corazón, y el corazón es el centro de él. Ocupar un lugar tan central en Dios, esto es un misterio, pero tener un lugar central en su amante corazón, esta es nuestra experiencia. Es un lugar inmerecido, otorgado por pura gracia, juntamente con su Amado Hijo, nuestro Salvador.

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