Nunca hemos estado tan conectados, pero nunca nos hemos sentido tan solos

Este libro está dividido en dos partes claramente diferenciadas. En la primera parte, el autor nos presenta un diagnóstico de nuestra cultura occidental, explica el impacto que la tecnología tiene sobre nosotros y cómo nos promete mejores condiciones de vida; pero, en vez de acercarnos, de proveer más y mejores relaciones sociales, cada vez nos sentimos más alejados unos de otros.

Hoy en día cada vez hay más “encuentros” aparentemente personalizados que se producen no con una persona, sino con una máquina que no puede entender nuestras emociones, deseos, ansiedades, dudas o expectativas. Esas máquinas reconocen nuestras facciones, nuestra voz y nuestras huellas dactilares, pero no pueden acceder a nuestro yo interior que no se siente ni escuchado ni mejor atendido. Nunca hemos estado tan conectados, pero nunca nos hemos sentido tan solos. En muchas personas hay un deseo profundo de encontrar otro camino, les gustaría encontrar una vida distinta y mejor.

Nunca hemos estado tan conectados, pero nunca nos hemos sentido tan solos.

Ante nuestra historia reciente de bancarrota relacional y de creciente anonimato, este libro, en la segunda parte, nos ofrece una alternativa para volver a ser personas en un mundo tan impersonal. A partir de una historia que ocurrió en Roma hace 2000 años, o 200 generaciones, vemos a la comunidad que se reunía en casa de Gayo (Ro. 16:23), conocemos algo de sus integrantes, de su origen social, de sus reuniones, de la relación que tenían los asistentes y del propósito que los unía; podemos encontrar un tipo de relación que tantos años después sigue siendo totalmente relevante y necesaria.

Andy Crouch parte en su exposición de esta premisa: ser persona es estar creado para amar. Esta tarea central (convertirnos en los seres relacionales que debemos ser) es la que resulta desesperadamente difícil de conseguir en nuestro mundo tecnológico actual. Para justificar esta afirmación, el autor nos lleva al conocido “shemá Israel” (Dt. 6:4-5): “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”; y a la ampliación que a estas palabras añadió Jesús: “… con toda tu mente y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc. 12:29-31).

Ser persona es estar creado para amar.

En cuatro de los doce capítulos del libro, Crouch hace un recorrido histórico por experiencias a través de las que los seres humanos han conseguido poder y dominio sobre sus semejantes y sobre la naturaleza. Antes del Renacimiento y de la aparición de la ciencia actual, los alquimistas creían que en el mundo natural hay un poder mágico oculto, esotérico, pero llegaron a la conclusión de que necesitaban una ayuda exterior a ellos a la que pedir su intervención sobrenatural a través de oraciones y conjuros. Es lo que llamamos magia.

En los siglos XX y XXI, la posibilidad de controlar la naturaleza no se hace mediante magia o conjuros, sino por medio de cálculos numéricos, ciencia y mecanismos dentro de lo que llamamos TECNOLOGÍA. La tecnología es la magia actual. Hoy en día ese poder impersonal, no sobrenatural, ha llegado a dominarnos y compite encarnizadamente con Dios. La exigencia de depender de ella es antagónica a la petición de amar a Dios y al prójimo.

La tecnología es la magia actual.

Crouch se permite actualizar las palabras de Jesús que vemos en Mt. 6:24: “No podéis servir a Dios y a Mammón”. Mammón lo explica como la realidad que identifica al dinero, a las riquezas y al poder. Las grandes empresas tecnológicas buscan generar grandes beneficios para sus dueños más que el crecimiento personal de sus usuarios. La tecnología, con cada vez más máquinas y más robots, puede que haga nuestra vida más fácil, pero también más impersonal y deshumanizada. La tecnología/Mammón vista como un poder sin relación, sin amor, como un nuevo imperio.

Y como contraposición a nuestra vida bajo el imperio tecnológico, aparece en los últimos cuatro capítulos del libro la casa de Gayo bajo el poder de otro imperio: el imperio romano. Necesitamos hoy lugares como la casa de Gayo, donde la tecnología nos ayude a practicar el amor a Dios, el amor al prójimo y podamos crecer como personas. Necesitamos HOGARES. ¿Cómo deben ser esos hogares? La respuesta la podéis obtener leyendo el libro.

Necesitamos hogares.

Reseña escrita por Leandro Roldán, psicólogo, pastor en una Asamblea de Hermanos de Madrid y miembro del Grupo de Psicólogos Evangélicos desde su fundación.


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