Una voz que habla de belleza, creatividad y esperanza

En un tiempo marcado por la prisa, la polarización y la cultura del rendimiento, El cuidado de la cultura, de Makoto Fujimura, se atreve a levantar una voz distinta: una voz que habla de belleza, de creatividad y de esperanza. Pero no desde la evasión estética, sino desde una profunda convicción bíblica.

Fujimura, artista visual de proyección internacional y pensador cristiano, nos invita a repensar nuestra relación con el mundo que habitamos. Cuando habla de cultura, lo que realmente está haciendo es una defensa apasionada y bien fundamentada de la expresión artística como acto de generosidad, como forma de bendecir a una sociedad que a menudo se encuentra agotada de ruido, pero sedienta de sentido. Su propuesta no es otra que esta:

en lugar de luchar contra el deterioro cultural con las armas de siempre —crítica, censura, retirada—, los creyentes estamos llamados a contribuir con belleza, verdad y bondad.

Lo interesante —y poco común— es que Fujimura no apela a sentimentalismos ni a fórmulas motivacionales. Su visión está anclada en una teología sólida, que reconoce al Creador como fuente última de todo arte verdadero. Desde esa base, el autor propone un liderazgo generativo, capaz de sembrar vida allí donde otros solo ven un campo en ruinas.

El arte, entonces, no es un lujo ni un accesorio. Es una forma concreta de cuidado: del alma, de la comunidad, del tiempo que nos toca vivir.

Llama la atención la escasez de títulos como este. Hay pocos libros que —desde una fe confesante y evangélica— animen al creyente a perder el miedo y a comprometerse creativamente con su generación. Fujimura no solo lo hace, sino que lo hace bien. Su escritura es sugerente, sus ejemplos concretos, y sus propuestas, tan necesarias como urgentes.

El cuidado de la cultura es, por todo ello, una obra que desafía, consuela y despierta. No basta con leerlo: su propuesta exige una implicación personal. Porque allí donde otros siembran desconfianza o desgaste, nosotros estamos llamados a sembrar belleza, hospitalidad y creatividad. Ese cuidado —nos recuerda Fujimura— no comienza en las instituciones, ni en los grandes foros: empieza por nosotros.

Samuel Arjona, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.


Puedes hacerte con El cuidado de la cultura aquí.

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