Una herramienta útil para el crecimiento espiritual y la formación pastoral

Jesús, en la despedida que recogen los capítulos 13 a 17 del Evangelio de Juan, asegura a sus discípulos que jamás estarán solos, porque les enviará a su Espíritu para que los acompañe y guíe como él lo hizo en sus tres años de convivencia y amistad.

El Nuevo Testamento enseña cómo la Iglesia, el cuerpo de Cristo guiado por su Espíritu, es la comunidad de los redimidos, la familia de Dios, el entorno seguro para todo aquel que ha experimentado el nuevo nacimiento, incluso para aquellos que se están acercando con curiosidad al evangelio. Sin embargo, ya hace tiempo que la experiencia de muchos parece cada vez más alejada de esta gran aportación del evangelio a la humanidad.

La soledad se ha infiltrado en la iglesia local, de la mano de la sociedad en la que vivimos.

Las causas son múltiples y muy difíciles de identificar por completo. Se necesita reflexión y acción para volver a servir como lugar de acogida a todos los que están solos.

Recién superada la última pandemia, en los miembros de la mesa de redacción de la revista Edificación cristiana había una creciente inquietud por las consecuencias de la experiencia de soledad prolongada en que había quedado la población en nuestro país, tras largos meses de confinamiento, distancia social y temor al coronavirus. Personas mayores privadas de la presencia de sus seres queridos en la última etapa de la vida, con temor a no verlos más a causa de contraer la enfermedad y “marcharse” antes de tiempo. Niños y adolescentes marcados para siempre por una abrupta ruptura de las relaciones sociales, no solo entre ellos, con amigos, vecinos o compañeros de clase, sino con sus familiares más cercanos: primos, tíos y abuelos, sobre todo estos últimos, que eran población vulnerable y debían permanecer especialmente aislados, cuando no enfermaban y morían sin despedida. Jóvenes en plena época de establecer vínculos afectivos fuera del entorno familiar, en la universidad o en el inicio de su vida laboral, aislados en sus casas, sin recibir el apoyo presencial de sus referentes de mayor influencia, sin poder abrazarse, encontrarse para salir o ir a clase, preparar exámenes juntos, todo lo que en nuestra cultura mediterránea genera integración, amistad, transmisión de valores.

Por otra parte, los matrimonios habían sufrido la amenaza del paro, la presión del teletrabajo, demasiadas horas laborales en el domicilio o, en caso de acudir a los centros de trabajo, muchas tensiones al llegar a casa, desinfecciones, precauciones de todo tipo y desgaste por la situación de los hijos, los padres, la enfermedad cobrándose sus trofeos y un futuro incierto para todos. Habían surgido relaciones a distancia, la sociedad se había acomodado en cierto modo a la nueva virtualidad de los contactos, que se volvieron superficiales y muy poco selectivos, acelerando el proceso de trivialización de las relaciones que los medios digitales ya habían comenzado a facilitar antes de la crisis sanitaria.

Como fruto de la preocupación mencionada, la revista inició la publicación de un excelente trabajo de Eduard Bracier como primicia de una serie de artículos sobre la soledad en las distintas circunstancias y etapas de la vida de una persona, que se prolongó hasta los trece capítulos que hoy se presentan agrupados en este título. La soledad en la infancia, adolescencia, juventud, matrimonio. La soledad en la iglesia, en el liderazgo, en la familia, en el trabajo. La soledad en la enfermedad, la jubilación o el último tramo de la vida.

La necesidad de reflexión y herramientas pastorales para acompañar, orientar y consolar a las personas solas desde la enseñanza bíblica seguía creciendo entonces y así continuará en lo sucesivo.

De ahí la actualidad y pertinencia de este libro, que cuenta con la experiencia y enfoque bíblico de sus autores, reseñados convenientemente. El prólogo de Pablo Martínez Vila presenta magistralmente la publicación de No os dejaré solos, como aportación del pueblo evangélico a las necesidades inmediatas de nuestra sociedad. El lector encontrará en sus páginas una muy útil herramienta que facilita el crecimiento espiritual y la formación pastoral.

Jorge Saguar, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.


Puedes hacerte con No os dejaré solos aquí.

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