Este libro de John Wyatt se podría leer de una “sentada” porque es un libro breve (55 páginas) y porque su lectura amena y práctica genera esperanza para unos años en los que es más frecuente encontrarnos rodeados de pesimismo y desilusión.
Pero no es buena idea leerlo de un tirón porque necesitamos casi en cada página parar, reflexionar y meditar, con la Biblia al lado, sobre lo que el autor nos propone.

Las tres transiciones que desarrolla el libro son:
1. Del trabajo a la jubilación. Pasamos de ser una persona con un empleo a ser una persona jubilada.
2. De la independencia a la dependencia. Pasamos de ser autónomos a tener que depender de otros para muchas actividades de la vida diaria.
3. De la vida a la muerte. Pasamos de estar vivos a entrar, a través de la muerte física, en una nueva realidad.
En la primera transición, los meses previos a la llegada del día de la jubilación se suelen vivir con expectación, ilusión y alegría. Una vez jubilado, en los años siguientes, (y cada vez es más largo ese período debido al aumento permanente de la esperanza de vida) el sentido de la vida y la propia identidad ya no están en nuestro empleo; tenemos que buscar otra identidad y otras actividades. La idea secular de jubilación nos ofrece una vida llena de un egoísmo autocomplaciente. ¡Diviértete! ¡Disfruta de la vida! ¿Pero hay otras opciones? El autor nos dice que las hay; como cristianos deberíamos habernos preparado para ellas. En el libro hay varios ejemplos de actividades que podemos encuadrar dentro del término SERVICIO a los demás.
En la segunda transición, la pérdida de la autonomía aparece lenta pero inexorable. A nadie nos gusta ver que nuestras fuerzas o nuestras capacidades sensoriales se van poco a poco deteriorando. ¿Pero es la independencia el bien supremo? El autor nos enfrenta con la certeza de que la dependencia forma parte del plan de Dios para nuestras vidas. La dependencia no es negativa , no es una carga, un castigo. El mismo Dios al tomar en Jesucristo nuestra forma humana asumió, desde el primer día, su vida dependiendo de otros. Debemos aceptar con gozo que otros nos ayuden y nos sirvan.
En la tercera transición, el autor nos dice que “morir bien no es más que vivir bien hasta el final”. Morir bien no sucede por azar o por tener acceso a determinadas técnicas sanitarias. Para morir bien hay que estar en paz con Dios y en paz con las personas más significativas para nosotros. En esta última parte del libro también hay consejos muy prácticos para saber morir bien.
Este libro rezuma sabiduría en cada capítulo y esta no está solamente basada en la experiencia de John Wyatt como médico pediatra neonatal, o en su experiencia como profesor universitario, sino sobre todo en su profundo conocimiento bíblico. En cada una de las tres transiciones hay muchos textos bíblicos que respaldan sus afirmaciones.
Reseña escrita por Leandro Roldán, psicólogo, pastor en una Asamblea de Hermanos de Madrid y miembro del Grupo de Psicólogos Evangélicos desde su fundación.
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