Hoy damos la bienvenida a Miguel Ángel Fernández, que acaba de publicar su primer libro Dios no echa las cartas. Con esta obra se adentra en el mundo literario aportando una voz fresca y personal. En esta entrevista nos cuenta cómo nació la idea del libro, cuáles fueron sus mayores retos durante el proceso de escritura y qué espera que los lectores encuentren en sus páginas.

Para conocerte un poco mejor, ¿qué libro tienes en tu mesita de noche en estos momentos?
A puerta cerrada, de Jean-Paul Sartre. Es una obra de teatro en la que el autor muestra una alternativa al concepto de infierno tradicional, jugando con la idea de que nuestra identidad es dependiente y sensible al «infierno que son los otros».
¿En qué lugar te concentras más para escribir?
Hace unos años te hubiera dicho lugares concretos en los que estoy cómodo y en los que me puedo concentrar fácilmente para escribir. Pero, desde que soy padre, me he dado cuenta de que puedo masticar muchas ideas mientras hago cualquier labor doméstica o mientras voy en el coche en el trayecto casa-oficina; después suelo apuntar esas ideas en una libreta. Realmente, la mayor parte de ideas valiosas o de los mismos desarrollos lógicos que luego vuelco en el papel, los tengo durante mi rutina laboral, hablando con personas o cuando estoy con los niños jugando.
De hecho, en mi caso, necesito ese dinamismo para que mi mente pueda funcionar.
Finalmente, vuelco mis cavilaciones en un documento, y las voy puliendo poco a poco con mucha investigación y cariño. Y toda esa parte suelo realizarla en cualquier mesa de casa o en cualquier mesa que encuentre si estoy fuera. Normalmente por la noche, durante la calma que viene cuando los niños duermen.
¿Qué te llevó a escribir Dios no echa las cartas?
Siempre he fantaseado con la idea de escribir un libro porque llevo desde los 14 años escribiendo y nunca he dejado de hacerlo. Sin embargo, en el caso de Dios no echa las cartas, tenía claro que debía escribirlo porque tenía algo que contar, tenía un mensaje que hacía falta transmitir.
Ademas, sobre la corriente de astrología pop que estamos viviendo en nuestra sociedad no hay casi nada de literatura y, de algún modo, ese punto de novedoso era algo que también me incitaba a crear un manuscrito. Tenía la certeza de que era un asunto urgente, que aborda una problemática que es real y que ciertamente puede ayudar a personas que están transitando un espacio oscuro en su espiritualidad.
¿Qué fue lo más difícil en el proceso de escritura?
Cada uno de los cuatro bloques ha sido retador y no ha estado exento de dificultad, tanto en el estudio académico como en la investigación de campo. Pero puede que el bloque de testimonios personales haya sido el más arduo. Para desarrollarlo, entrevisté a siete personas que vivieron su espiritualidad en cada una de las ramas esotéricas. Fueron conversaciones que duraron horas y estuvieron llenas de emotividad. Después tuve que sentarme a escribir cada uno de los relatos, y lo quise hacer en primera persona, para que el lector pudiera volver a revivir las conversaciones que yo tuve de la manera más fidedigna posible.
¿En qué lectores estabas pensando al escribir?
Si bien me vi tentado a desarrollar un tipo de libro que sirviera como formación y aprendizaje a cristianos, finalmente redacté todo el contenido pensando que cualquier persona, practicante de alguna espiritualidad o de ninguna, pudiera leerlo y entenderlo sin dificultad. No deja de haber puntos en el libro que requieren de una lectura atenta, y que estoy seguro que harán reflexionar varias veces al lector; así como varios bloques que serán de edificación para el creyente maduro.
Por último, si tuvieras que definir el libro en una palabra, ¿cuál escogerías?
En una sola palabra me sería difícil, pero si pudiera elegir algunas palabras más, serían: una voz que clama ante lo esotérico.
