¿En qué fase está cada persona a la que queremos predicar el evangelio?

Con el paso de los años hay que reconocer que es tremendamente difícil encontrar voces autorizadas para hablar sobre lo posmoderno. Desde los años 90, los cambios en nuestra sociedad han sido vertiginosos, en ocasiones desconcertantes y en muchos casos, no han pasado por ningún análisis medianamente riguroso. La cuestión fundamental es cómo presentar el evangelio cuando los cambios son tantos que las personas se moldean con ellos, sin saber a veces quiénes son. Indudablemente, esto afecta a la evangelización y al discipulado, a la misión de la Iglesia hoy.

Los autores de esta obra han sabido reconocer elementos comunes en las conversiones de un buen número de personas que les han llevado a interesantes conclusiones. En primer lugar, confirmar que el camino posmoderno a la fe, sigue siendo misterioso. La semilla cae en tierra y lleva fruto sin saber cómo y no hay métodos psicológicos que lo aclaren y estructuren. En segundo lugar, en las conversiones hay un componente orgánico, en el que distintas personas se involucran y colaboran en un proceso de reflexión para que una persona conozca a Dios, porque las conversiones no son siempre instantáneas siguiendo un patrón o librito de pasos a dar.

Estas observaciones concluyen en cinco fases o cambios que se observan en el camino a la fe de las personas posmodernas. Se pasa de la desconfianza a la confianza, de ser autocomplacientes, a curiosos al ver algo desconocido e inimaginable antes, la cerrazón da lugar a una apertura personal y esto genera atisbar un rumbo o camino que antes era inimaginable. Por último, se trata de dar un paso que lleva al reino de Dios. Cuando identificamos estas claves, surge una pregunta importante: ¿en qué fase está cada persona a la que queremos predicar el evangelio?

Nos encontramos con un problema fundamental para el que hoy necesitamos ayuda y que este libro nos ayuda a superar porque antes la religión era parte de la cultura, pero hoy está bajo sospecha y genera desconfianza. Muchos evangelistas parecen un subproducto de marketing a desechar cuando antes eran personas respetadas, aunque el mensaje fuese rechazado por una gran parte de la sociedad. También hay que asumir que en la convivencia, como ocurre en un bloque de pisos donde la mayoría de los vecinos no se esfuerzan tampoco en conocerse, la desconfianza se ha instalado y afecta al mensaje del evangelio también. Necesitamos ayuda para que haya personas a nuestro alrededor que recuperen la confianza en la Palabra de Dios, no adulterada, que cambia vidas para bien al salvarnos del pecado y sus consecuencias.

Cómo acercarse a los demás, empatizar en lo posible, y saber decir las cosas con sabiduría es un gran reto para nosotros, y este libro puede facilitarnos el camino.

David Vergara, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.


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