«Es un motivo de gratitud al Señor contar con el comentario de la segunda carta»

Tras redactar la primera carta a los tesalonicenses, Pablo recibe informaciones que le inquietan y le mueven a escribir con cierta urgencia la segunda epístola. La interpretación sobre “las últimas cosas” ha agravado el enfoque vital de algunos creyentes, hasta el punto de vivir pasivamente, sin aportar nada, incluso dependiendo del sustento que aportan los que sienten misericordia por ellos. Sin embargo, ese no era el camino adecuado, sino la disciplina para que su vida se ordene de nuevo si quieren reaccionar.

Por otro lado, aquellos que son consecuentes con la enseñanza sufren más persecución y desánimo. Así que, pasados los siglos, entender el futuro a la luz de las Escrituras sigue siendo algo muy importante en nuestras vidas para no acabar trastornados, desconsolados o llegar a abandonarnos como si a causa de las dificultades pareciera que no merece la pena continuar.

Pablo, Silvano y Timoteo llevan las firmas de esta carta que redactaría Pablo, tras una reflexión y oración conjunta. Era de suma importancia entender que el final de los tiempos requería de ciertas manifestaciones que todavía no habían visto, por lo que debían estar tranquilos. Un acontecimiento que aún no se ha producido es el del tiempo del Anticristo, como vemos en 2:6: “… el Anticristo tiene un –tiempo suyo– designado por la providencia divina, un tiempo en que Dios permitirá que actúe a sus anchas sin impedimentos. Como ya hemos dicho, es importantísimo que los creyentes entendamos esto para que, cuando ocurra, no nos angustiemos pensando que Dios ha perdido el control de la situación. Él es quien determina los tiempos y les pone límites” (p. 108).

Cristo volverá y esto implicará la vindicación de sus hijos y el castigo de sus perseguidores. Mientras tanto, incluso el libro de Apocalipsis se escribe para traer consolación, al igual que esta epístola tan clarividente del Nuevo Testamento.

Tras varios años con el comentario de David F. Burt sobre la primera epístola, que ahora Andamio Editorial ha publicado en un solo volumen, es un motivo de gratitud al Señor contar con el comentario de la segunda carta. Al igual que los tesalonicenses, los lectores hemos estado esperando este segundo trabajo; y aunque no haya llegado con la misma celeridad, valoramos enormemente el trabajo de David F. Burt.

David Vergara, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.


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